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Tener una vida

Daniel Jándula

Te llega un juntaletras gafapasta y te cuenta que ha logrado sintetizar en una breve novela a Gregorio Samsa, al primer Dostoievski y el Aleph de Borges, con un puntito de Agustín Fernández Mallo, y lo mandas a freír espárragos. Pero si lo mismo te lo cuenta un lector de Daniel Jándula, hazle caso, porque Jándula no hace pastiches culturetas, él lo impregna todo de intensa vida interior, sentido del humor y profundidad de observación, pero, sobre todo, exhala bagaje literario (y de las otras artes por igual) y hondura humana. No la plasma, insisto, se le desprende en su hálito escritor. Te digo yo que entras en el baño después de él y huele a cultura integral. En Tener una vida, este joven malagueño afincado en Vilafranca del Penedès juega con la física de los agujeros negros en el salón de tu casa y con la metafísica de intuirte fantasma, o al menos fugitivo de la existencia, todo ello con una naturalidad desasosegante. Tener una vida es despertar, respirar, caminar, esconder, alimentar, llenar, observar, pensar, descubrir, trabajar, esperar, descansar, recordar, viajar, temer, crecer, fracasar y salir. El protagonista tendrá que ver qué es eso de “una vida” en su caso, pero indagará más a fondo en el significado de “tener”. Yo, al menos, sé que he tenido una lectura./Juan Carlos Martín Cobano


Tener una vida
Daniel Jándula
Candaya. Barcelona (2017)
124 págs. 14 
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