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LAS CIEN LANZAS Y EL PUENTE DEL PERDÓN

Jueves 31 de Enero, 2008
Un pasado envuelto en relatos de musulmanes y bandidos, un entorno vivo y lleno de color, helado por el viento frío que azota las cumbres de sus montañas, y un monasterio plagado de historia, todo ello se reúne para dar forma a uno de los lugares más emblemáticos y admirables de la Sierra de Madrid: Rascafría. Por: FRANCISCO J. B. MANZANO
Gélido aliento, copas de árboles de tonos amarillos y rojos hasta que la vista se pierde, un puente del que cuelga la muerte o un monasterio cargado de espiritualidad e historia son suficientes razones para que detengamos en este pueblo de Madrid los pies y la mirada. Rascafría, enclavada en medio del que algún día será Parque Nacional de Guadarrama, a 90 kilómetros de la capital, se muestra como una parada imprevista, para quien no la conoce, en medio del camino. Por allí pasaron todos, como por toda España: romanos, árabes, franceses, y todos se detuvieron a contemplar la belleza de su paisaje. El nombre del pueblo no se sabe si se debe a “rocas frías” o a “carrasca fría”, que es un tipo de encina pequeña muy común en la zona. Sea como fuere, es verdad que se trata de un lugar que en invierno baja constantemente de los cero grados. Una recomendación, vayan a visitar la localidad ahora, cuando pega el frío, con el olor a chimenea inundando todas las calles.
Pero aparte de un bello enclave, Rascafría guarda una bella historia de lo que fue la reconquista española. Para enlazar con el artículo que escribíamos el mes pasado sobre la cercana Sepúlveda (Segovia), la localidad tuvo también que inventar normas propias para sobrevivir, pero tuvo que ir más allá. Un ejército propio, cien lanzas y cien caballos, que durante años hicieron suyas las noches y los días, las muertes y las vidas.
Todo empieza con el avance de los cristianos frente a las tropas califales. La piel del toro está partida en dos y las batallas se suceden. Derrotas y victorias que van dejando atrás antiguos territorios y consolidan nuevos. El paso de Segovia es comprometido. Guadarrama es un enclave importante y a la vez excesivamente peligroso. Bandoleros y escaramuzas de los almohades han generado miedo en la población, que se niega a habitar un lugar fronterizo con la muerte. El rey Alfonso X, el 26 de junio de 1273, sabe que debe ceder en algo si quiere continuar con su sueño de repoblación y conquista hacia el sur. Concede entonces a los que habiten las alberguerías del puerto de Malagosto (antiguo término de Oteruelo) exenciones tributarias. Estableció un privilegio que eximía a los moradores de estas zonas rurales de montaña “de todo pecho, e de todo pedido, e de todo servicio, e de todo fosado, e de fonsadera…”. Es decir, los que se jueguen la vida entre esas laderas y valles lo harán a cambio de un futuro mejor para los suyos. Muchos acuden a la cita, pero el problema de la seguridad sigue latente.
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