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LAS MALDITAS GUERRAS

Miércoles 26 de Diciembre, 2007
Seguramente, cuando usted lea estas líneas estará disfrutando de la Navidad. No tengo nada en contra de ello, pero quizá lo que a muchos nos hace falta por estas fechas es un poco de reflexión, porque si una expresión define el modo en el cual nos enfrentamos a estas vacaciones, ésta es, sin duda: opulencia. Quizá una lectura a un texto como el que presentamos aquí sobre la historia del hambre podría ayudar a que seamos un poco más conscientes de qué significa estar en el siglo XXI y en el bando de los “ganadores”, pero no hace mucho tiempo, nuestro país sufrió de terribles hambrunas y del olvido –y cuando no olvido, enemistad directa– de quienes estaban arriba. En los tiempos finales de la Guerra de la Independencia, una ciudad como Madrid vivió una brutal hambruna. Murieron más de 20.000 personas como consecuencia de la inanición. Esto quiere decir que la población de la capital sufrió una merma del 10 % de sus habitantes. Y aunque la guerra se ganó, conviene no olvidar que las consecuencias del conflicto dejaron un país sumido en severas dificultades. Tras la contienda, llegaron nuevos conflictos, más hambrunas, más dolor… En realidad, no fue hasta hace cuatro días que empezamos a vivir con cierta normalidad y seguridad. Durante este año 2008 se cumplen dos siglos del alzamiento popular contra los franceses. Se va a hablar hasta la extenuación de la Guerra de la Independencia. Por eso, nosotros hemos querido ser los primeros, destacando el papel que en la rebelión contra los ocupantes tuvieron las personas de a pie en ciudades y pueblos. Y aunque no exista mejor valor ni ninguna persona más defendible que el que pregona planteamientos pacíficos, sería poco honesto no reconocer el derecho de los españoles para acabar con una situación opresiva. Es complicado hablar de guerras injustas, pues todas y cada una de ellas lo son y suponen el fracaso de la especie humana en toda su extensión. Ahora bien, más lamentable es que determinados conflictos bélicos se declaren como consecuencia de situaciones inexistentes. Tal es el caso de la declaración de guerra de Estados Unidos contra España en 1898. Se trató de la respuesta norteamericana a la explosión y hundimiento del Maine, uno de los buques de guerra estadounidenses. Se culpó a España de aquello, cuando hoy sabemos a ciencia cierta que no sólo no tuvimos nada que ver, sino que no hay que descartar ninguna hipótesis de trabajo a la hora de explicar la naturaleza de aquel atentado. Fue un evento que vino de perlas para quienes desde la futura capital del mundo pretendían abrir fuego contra España. Se inventaron la acusación, lo que quiere decir que, en el Poder, a algunos las guerras les compensan y vienen bien. Y a eso, no hay derecho. Por desgracia, son muchos los que hoy sufren conflictos provocados e injustos por el interés de unos pocos. Piensen en ello mientras comen el turrón…
Bruno Cardeñosa Director
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