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El sueño de Gibraltar… versión Marie Curie

Lunes 22 de Mayo, 2017

A veces, uno desearía poder meterse por un agujero y convertirlo en una puerta que permitiera saltar en el tiempo. Si hoy lo hiciera, pondría en la pantalla de esa nave una fecha: 20 de abril de 1933. Ese día estaba pisando las calles de Madrid una de las personas más importantes de la historia de la humanidad: Marie Curie. El objetivo de su visita era asistir al Primer Congreso Nacional de Medicina, que se celebraba en el Palacio Real. Como persona pensativa y refl exiva que era, la imaginamos saliendo de los lujosos hoteles de la plaza de Cánovas del Castillo, recorrer la cuesta de san Jerónimo, alcanzar Sol y tomarse un café en una de las terrazas de la Plaza Mayor, donde la primavera bañaba con sus primeros golpes de sol para poderse quedar quieto y no helarse, aunque ella venía de Polonía, una tierra dura y gélida que le había entrenado para sufrir, como si nada, cualquier mediana inclemencia.

Mientras estaba allí, sabe Dios en qué pensaba, pero cualquiera de los cientos de visitantes de la Plaza Mayor que la veía sabían quién era. Y era una celebridad. Lo era hace ya años. La señalaban con admiración. “Mira, mira”, decían, “la mujer que ha cambiado la historia y la primera que ha ganado dos premios Nobel”. A ella poco le importaban los títulos, aunque como todo ser humano se sentía feliz con el reconocimiento. Estar en Madrid para inaugurar aquella cita era una forma de hacerlo. Todo lo había conseguido con esfuerzo, con trabajo, con silencio, sin alharacas. Y movida por un sueño: mejorar la vida de la gente. Y lo consiguió. El mundo no sería el mismo sin sus logros. Llevó a cabo sus preceptos: “La vida no es fácil para nadie. Hay que tener confi anza y sentirse realizado para hacer algunas cosas: la humanidad necesita soñadores”. “Todos podemos hacerlo, todos tenemos un hueco abierto en nuestra vida para llenarlo de deseos. Tenemos que soñar”, decía.

Durante mucho tiempo hizo soñar a generaciones y generaciones. A día de hoy es la científi co más inspiradora de la historia. Sólo una mente de su limpieza y brillantez podría abrir esa compuerta de paz y tranquilidad para solucionar un problema como el de Gibraltar y su propiedad. Ojalá pudiéramos preguntarle a un genio como ella. Sabría buscar las virtudes de algo y encontrar lo bueno en lo malo. Sería muy consciente de que hubo una época en un pasado remoto en el que el Peñón estaba dominado por la convivencia pacífi ca y amistosa de dos humanidades que convivieron sin problemas en ese lugar. Con esa inspiración buscaría la solución. Seguramente determinaría que Gibraltar no es de los británicos ni de los españoles, sino de todos, y convertiría al lugar en un sueño para la humanidad, un reducto de paz y libertad, convertiría la disputa en una inspiración para alcanzar lo contrario, lograría satisfacer los intereses británicos y abrazar los ánimos de los españoles que dicen que es suya. Ambos se sentirían dueños de esa tierra, y jamás se negarían a convertir el lugar en un faro del mundo, en dar su propiedad a la Tierra, porque allí se jugarían los sueños del futuro, se discutiría la paz, el fi n de las guerras, los objetivos comunes de todos... Ella los soñó. Y nosotros lo hacemos gracias a ella, que supo que, a veces, los sueños se hacen realidad.

Bruno Cardeñosa
Director
@HistoriaIberia

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