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INSULTOS EN ESPAÑA

Viernes 26 de Septiembre, 2008
Nada hay tan directo como el insulto. El lenguaje se revuelve y adquiere fuerza con estas palabras ofensivas, en gran medida malsonantes, pero que también enriquecen el idioma y alcanzan en ocasiones una belleza sublime. No me digan que no tiene gracia el término chirrimís, con el que se falta a un hombre bajito y con un cuerpo enclenque, o rascasobacos, para aquellos que gustan de perder el tiempo sin hacer o decir cosa alguna interesante. Por: Pancracio Gómez / J. M. G.
Grandes escritores de nuestra literatura como Francisco de Quevedo, Valle Inclán o, más recientemente, Camilo José Cela, fueron maestros en el arte del insulto.

Ahora el periodista y escritor Pancracio Celdrán Gomariz ha recogido en una magna obra de más de 1.000 páginas un ingente número de insultos en forma de diccionario, en el que refiere la definición de estos términos, la historia de los mismos e, incluso, incluye algunos ejemplos de su uso por los grandes nombres de la literatura en español. Pero Celdrán no se ha regodeado simplemente en la efectividad del insulto. Una de sus anteriores obras la dedicó a los elogios, “El gran libro de los elogios”, y es también un reconocido especialista en el campo de las curiosidades de la historia –“Historia de las cosas”, “Me lo sé todo de las anécdotas de la historia” o “Diccionario general de anécdotas”, entre otras–.

Pero estábamos insultándonos. Así que no seamos rollistas ni sonsones –sujetos con poca capacidad de juicio– y procedamos a enriquecer nuestros recursos de ataque y contraataque dialéctico contra los demás. Porque, como dice el autor en el prólogo de la obra, “vivimos rodeados de estas palabras vehementes, sentidas, nada artificiales ni huecas: quien insulta no esconde nada, sino que respira por la herida: ex abundantia cordis or loquitur, dice el libro sagrado, que es tanto como decir que a la boca sube lo que hay en el corazón”.
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