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5 vicios del rey Juan Carlos I que tal vez no conocías

Martes 02 de Enero, 2018
¿Por qué se considera a Juan Carlos I "el rey del lujo"? En la obra «Pasiones Regias», de José María Zavala, se destapan algunas de las historias desconocidas de la familia real.

1. Coches

El rey Juan Carlos I era un apasionado del motor. En una ocasión, llevó a dar una vuelta al perceptor de su hijo Felipe, José Antonio Alcina, en su nuevo y lujoso Porsche 959 que le costó casi 24 millones y medio de las antiguas pesetas (actualmente, este precio equivaldría a más de 300.000 euros).

El bólido real alcanzaba los 130 kilómetros por hora en diez segundos, y ese entusiasmo por la velocidad le costaría algún que otro susto al monarca, como por ejemplo un atropello a un joven ciclista cuando don Juan Carlos aún era menor de edad. Unos cuantos billetes solventaron el asunto.

Cabe destacar también la experiencia del rey en el mundo de la Fórmula Uno. En 2006 fue copiloto de Fernando Alonso y disfrutó de un  trepidante paseo, aunque anteriormente, en 1999, se convirtió en el primer monarca en alcanzar los 300 kilómetros por hora en la recta de un circuito (¡a sus 60 años!). 

 

2. Yates

Don Juan Carlos llegó a asegurar que, si no fuera por sus obligaciones como rey, pasaría todo su tiempo en el mar. A los 9 años recibió su primer barco, el Sirimi, como regalo de reyes, y nada más subir al trono en 1976 estrenó el primero de sus yates Fortuna en aguas mallorquinas. 

La guinda del pastel fue el Fortuna III, con un coste aproximado de 3.000 millones de pesetas (equivalentes hoy a 18 millones de euros). Con una longitud de 40 metros, esta maravilla náutica alcanzaba una velocidad de 70 nudos (unos 130 kilómetros por hora), prácticamente el doble que el antiguo Fortuna.

Si el monarca ya estaba contento, más lo estaban aún los empresarios mallorquines que le ayudaron a conseguir el yate. Los veraneos reales no se los disputaría nadie a Mallorca, ya que se aseguraban su presencia cada verano. Sus visitas impulsaban los ingresos por turismo en la isla, que generaban más del 80% del Producto Interior Bruto.

 

3. Cacerías

No es un secreto que a don Juan Carlos le encantaba cazar, ya desde pequeño: a los diez años pidió a los Reyes Magos una escopeta de aire comprimido, una pistola de balines y un cuchillo de monte para limpiar las piezas cobradas.

En 1996 consiguió el récord mundial cazando a rececho una cabra montés de 120 kilos y 102 centímetros de cornamenta, una pieza por la que se podía llegar a pagar 24.000 euros. Y es que la cacería era un lujo muy caro, y es que para cada una de ellas se necesitaban una docena de guardias vigilando la finca, 240 ojeadores, 65 destripadores y preparadores de perdices, 15 conductores de Land Rover, otros tantos conductores particulares, 30 secretarios, 25 encargados del servicio de habitaciones y 25 cocineros y camareros. En total, 427 personas que percibían sueldos y dietas.

Es por eso por lo que, junto con iniciativas ecologistas, el rey no estuvo exento de polémica por sus cacerías. Los viajes en un avión privado y la cacería no se pagaban solos, además del gran número de animales que perecían a sus manos.

 

4. Petróleo

Don Juan Carlos sirvió al gobierno con su mano izquierda al hacer negocios con el príncipe de Arabia Saudí, Fahd. Gracias a su buena relación, consiguió solucionar la crisis petrolera que España sufrió en los años setenta. Con su mediación, España pudo haber importado una cantidad de petróleo equivalente a la que se trataba anualmente entonces en las refinerías de Cepsa o Petromed.

No se sabe a ciencia cierta si el monarca recibió comisión por aquella operación, pero de ser así podría ser una cantidad cercana a los 8,7 millones de dólares (525 millones de pesetas por aquel entonces) a modo de pensión de jubilación.

 

5. Esplendor de las tiaras

Se dice de don Juan Carlos que subió al trono casi con lo puesto. Ya durante su noviazgo con Sofía se había visto obligado a pedir dinero a su padre para viajar a Atenas. Para su boda, se pidió a los ciudadanos españoles una contribución como regalo de ámbito nacional, y se alcanzó la cifra de diez millones de pesetas.

Una de las joyas más valiosas que recibió como regalo Sofía, procedente del general Franco, fue una diadema de brillantes que, actualmente, puede tener hoy un precio en el mercado superior a los 300.000 euros. 

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