Andreu Nin, el secretario de Trotsky | Historia de Iberia VIeja

Se encuentra usted aquí

Andreu Nin, el secretario de Trotsky

Jueves 28 de Junio, 2018
Quizá sea uno de los nombres que menos suenan de la Guerra Civil, pero Andreu Nin llegó a ser el secretario personal de León Trotsky. Por su relación con este líder soviético fue perseguido durante la Guerra Civil por el sector comunista más próximo a Stalin, hasta que desapareció de forma extraña durante los hechos de mayo de 1937, supuestamente asesinado. Una muerte que hoy, más de 80 años después, sigue envuelta en misterio…

Andreu Nin nació en la localidad catalana de El Vendrell en 1892, en el seno de una familia humilde. Cursó estudios de magisterio en Tarragona antes de marchar a Barcelona donde, en 1909, vivió y participó en los acontecimientos de la Semana Trágica y comenzó a tomar contacto con las ideas socialistas, afiliándose en 1913 a la Agrupación Socialista de Barcelona; aunque también se sintió atraído por el sindicalismo revolucionario de la CNT.

En 1921, llegó a secretario general de la CNT y, casi al mismo tiempo, fue designado miembro de una delegación que la CNT envió a Moscú para asistir al Congreso de la Internacional Comunista y al Congreso de fundación de la Internacional Sindical Roja. Nin se quedó en Moscú y entró en contacto con los principales líderes comunistas. Se hizo miembro del Partido, delegado de la Internacional Sindical Roja y miembro del propio Soviet de Moscú.

Durante su estancia en la URSS, se unió a Trotsky como su secretario y tomó partido por éste en las luchas políticas de sucesión que ocurrieron tras la muerte de Lenin en 1924. Enrolado en el grupo Oposición de la Izquierda, su significación dentro del comunismo desembocaría en su cese, tras el triunfo de Stalin, como miembro de la Internacional Sindical Roja, en 1926. Bajo sospecha y vigilado por la policía estalinista, Andreu Nin consideró que había llegado el momento de volver a España, entrando en Barcelona en 1930.

LA CREACIÓN DEL POUM
Recién llegado a España, Nin se encontró con el problema de la reintegración en el movimiento obrero del país. Como comunista, se encontró con un partido pequeño y apenas influyente. Tras la proclamación de la República el 14 de abril de 1931, se unió a la Oposición Comunista de España, más tarde Izquierda Comunista Española, de la que se convirtió en su secretario general en 1932, convirtiéndose en el verdadero motor para que esta pequeña fuerza política fuese ganando fuerza.

Tras la ascensión y propagación del fascismo por toda Europa, los esfuerzos de Nin se centraron en la creación de un frente único que tomó el nombre de Alianza Obrera y que participaría de manera activa cuando la revolución de Asturias se extendió a Cataluña. Sin embargo, el fracaso de dicho movimiento y la persecución que se desencadenó contra los dirigentes del mismo obligaron a Nin a recurrir a la clandestinidad donde, con más ímpetu si cabe, continuó con su empresa de unificar las fuerzas revolucionarias.

Del fruto de su esfuerzo nacería el POUM, Partido Obrero de Unificación Marxista. En poco tiempo, el POUM extendió su influencia desde Cataluña a otras zonas de España como Madrid o Asturias; pero un hecho dramático daría al traste con las aspiraciones de Nin y del recién creado POUM.

EL FRENTE POPULAR Y LA GUERRA CIVIL
El POUM se integró en el Frente Popular para concurrir junto con otras formaciones de izquierdas en las elecciones de febrero de 1936. Dicha medida permitió al POUM participar en los grandes mítines y actos de masas que la coalición llevó a cabo y ganar así más adeptos.

Pero aquella jugada no fue positiva para Nin, que vio cómo se le dejaba fuera de las listas electorales. Por si fuera poco, su gran amigo y mentor, Trotsky, criticó al POUM por su entrada en el Frente Popular, acusando a Nin de traidor, tanto a la clase obrera como al legado de Lenin.

Aquel ataque llevó a Andreu Nin, una vez ganadas las elecciones por el Frente Popular, a considerar extinto el compromiso del POUM y pasó a ser un fiero crítico de dicha coalición. El levantamiento militar del 18 de julio sorprendió al entonces secretario general del POUM, Maurín, en Galicia.

Allí fue arrestado y dejó un vacío que aprovechó Nin para erigirse en el nuevo líder del POUM. Poco tiempo después, entró en el Consejo de Economía de Cataluña. En septiembre de 1936 sería nombrado Consejero de Justicia de la Generalitat Catalana.

UN PARTIDO INCÓMODO PARA STALIN
Aquel mismo verano del 36 se había consumado en la URSS una durísima represión con los procesos de Moscú, donde miembros de la vieja guardia bolchevique habían sido acusados de fascistas y fusilados.

El POUM, que se había significado como fuerza anti estalinista, denunció la situación soviética, lo que llevó al Partido Comunista de España a acusar al POUM de trotskystas. La campaña dio sus frutos y, en diciembre de 1936, debido a las presiones comunistas, Nin fue excluido del gobierno de la Generalitat. Tanto el Partido Comunista español como el PSUC, Partido Socialista Unificado de Cataluña, se afanaron en presentar al POUM como el verdadero enemigo de la República.

Otro de los focos del conflicto tuvo su origen en la alianza entre la CNT y el POUM, que pretendió desarrollar un programa económico y social que debía concretarse en la colectivización de campos y ciudades de Cataluña, así como en la creación de un ejército popular y el mantenimiento de las milicias.

Se intentaba así superar las instituciones republicanas que no habían sabido hacer frente al alzamiento, algo que ni el PCE ni el PSUC estaban dispuestos a admitir, puesto que buscaban aliarse con el resto de partidos republicanos para reconstruir las instituciones de la República. El apoyo de Stalin al gobierno daría el respaldo a estos dos partidos, que pasarían a ser desde entonces importantes organizaciones de masas.

LA MISTERIOSA DESAPARICIÓN DE NIN
Los días 15 y 16 de junio de 1937, el POUM fue declarado ilegal y los miembros de su Comité Ejecutivo fueron apresados y acusados de traición y de ser agentes encubiertos del fascismo. Andreu Nin fue detenido junto a otros miembros del partido pero, de manera misteriosa, cuando el Tribunal Especial de Espionaje y Alta Traición leyó la lista de detenidos, Nin no se encontraba en ella. 

¿Qué había pasado con él? Haciendo una reconstrucción de los hechos, podemos tratar de averiguar qué se escondió tras la desaparición del líder del POUM. Como veremos, fue una trama mucho más compleja de lo que a priori pudiera parecer. Andreu Nin fue detenido el 16 de junio de 1937 por agentes de la policía y llevado en un primer momento a la Dirección General de Policía de Barcelona.

Desde ahí, apenas unas horas después, fue llevado a Murcia y luego a Madrid. Ya en Madrid, fue sometido al primero de los interrogatorios. Sin embargo, y según el historiador Pelai Pagés i Blanch,

“en esta primera declaración hecha por Nin ante la policía madrileña, ni en las tres restantes que se sabe realizó, no figuraría, contra toda fórmula de procedimiento judicial, el nombre de los interrogadores ni el de los testigos”.

Mientras Nin se encontraba retenido en Madrid, los miembros del POUM en libertad se empezaron a movilizar para conocer qué pasaba con su camarada. Su esposa, Olga Taréeva, acudió a Valencia para hablar con el ministro de Justicia, Manuel Irujo, quien le manifestó su ignorancia acerca de la orden de detención, alegando que éste “no había estado nunca en una Prisión del Estado”. Sin embargo, aquella negativa no convenció a nadie.

El propio Lluís Companys recriminó a Negrín que el caso Nin debía haber pasado a la jurisdicción del Tribunal de Garantías Constitucionales debido a la condición de ex consejero de la Generalitat que poseía el líder del POUM.

EL OSCURO AGENTE ORLOV
Casi al mismo tiempo de la detención de Nin se hacía público por parte del sector comunista un documento donde se probaba que el secretario del POUM había mantenido contactos con Franco.

Dicho documento, encontrado en poder de Javier Fernández Golfín, un militante falangista de Madrid, contenía, según Pagés i Blanch “un plano de la capital con indicación de los emplazamientos de las piezas de artillería y de las baterías antiaéreas de defensa, y en el dorso una información a Franco, escrita con tinta simpática, donde se decía que los agentes falangistas madrileños estaban en buenas relaciones con el eminente miembro del POUM conocido bajo la designación de 'N'”.

El documento era falso, pero, con esa manipulación, el estalinismo continuaría en España la persecución a cualquier resto del trotskysmo. Pero ¿quién había ur dido semejante plan para involucrar y acusar a Nin? La respuesta la encontramos en la figura de un oscuro personaje que responde al nombre de Orlov, quien dirigía la policía política soviética, la NKVD, que actuaba de manera clandestina en la zona republicana.

Aun así, faltaba una confesión del propio Nin para que se cerrase el círculo y, por ese motivo, fue trasladado a un chalé de Alcalá de Henares utilizado como cárcel por la política soviética. Allí, fue sometido a torturas por parte de la NKVD, pero Nin se resistió a admitir unos hechos de los que no era responsable. La confesión no llegaba, por lo que había que tomar una decisión. Si se dejaba a Nin en libertad, en un estado físico lamentable, éste denunciaría las prácticas comunistas, lo que podría causar serios problemas y desmantelar las acciones clandestinas de la policía soviética.

Nin era, ahora, más peligroso si cabe que antes y, por ese motivo, se decidió eliminarlo. Fue uno de los colaboradores de Orlov, Vittorio Vidali, quien dio con la solución: se simularía un intento de liberación de Nin de manera que este desaparecería para, a los ojos de la opinión pública, unirse al bando sublevado. Se montó todo el operativo y dos de los vigilantes del chalé, Juan Bautista Carmona y Santiago González, relataron todo lo que ocurrió la noche del 22 de junio de 1937.

Según sus declaraciones, aquella noche se presentó un grupo de hombres armados, con rasgos extranjeros, portando documentos que les autorizaban a trasladar a Nin. González explicó que aquellos hombres le maniataron y le encerraron junto a su compañero en una habitación, al tiempo que oía cómo se dirigían a Nin como “camarada” y se lo llevaban oculto en un coche.

Una vez liberados los vigilantes, se procedió a un registro minucioso del chalé y se encontró una cartera que había perdido supuestamente uno de los asaltantes. Al examinarla, encontraron documentación escrita en alemán y simbología fascista junto con billetes del bando sublevado. En el informe que Orlov presentó más tarde a Negrín se informó que un comando organizado, ni más ni menos que por agentes alemanes, había rescatado a Andreu Nin y se le había perdido la pista.

La realidad, sin embargo, era muy diferente, ya que dicho comando estaba integrado por oficiales de nacionalidad polaca y soviética procedentes de la guarnición de El Pardo. El escritor Julián Gómez García, conocido como Gorkin, en su obra El proceso de Moscú en Barcelona. El sacrificio de Andrés Nin, sostiene que el dirigente del POUM fue llevado a dicha guarnición de El Pardo donde, finalmente, se le asesinó. Pero la versión oficial prevalecía y desde la prensa afín al PCE no se dudaba en vilipendiar la fi gura de Nin y publicaciones como Mundo Obrero daban cuenta de la desaparición de este con titulares como La huida del bandido Nin.

UNA FOSA SIN NOMBRE
El cadáver de Nin nunca fue encontrado. Pasó, así, a sumarse a los muchos fallecidos que continúan sin poder ser hallados.

Sin embargo, todos aceptan ya que el dirigente del POUM, el antiguo secretario y amigo íntimo de León Trotsky, fue asesinado una noche de junio de 1937 a manos de quienes, en teoría, debían haber sido sus aliados en la lucha contra la sublevación militar.

Justo antes de finalizar el proceso al POUM, Juan Andrade, uno de los acusados, declaró ante la sala que “este proceso ha empezado con el secuestro y el asesinato de Andrés Nin y no puede terminarse si no es con un homenaje a su memoria, guardado un minuto de silencio”.   

Una versión no creíble 
A pesar de los desvelos de la NKVD en España y del propio PCE, la versión del rescate de Nin por las fuerzas sublevadas no convenció a la gran mayoría del sector republicano.

El 21 de julio de 1937, en una conferencia dada en el Teatro Olimpia de Barcelona, la líder anarquista Federica Montseny denunció que a Andreu Nin lo habían asesinado mientras que el propio presidente de la República, Manuel Azaña, recogería en sus memorias su impotencia ante este caso y sus sospechas al respecto, ya que, según el propio Azaña, los raptores de Nin “eran comunistas”.

Mientras los dirigentes republicanos recelaban del asunto, en la calle aparecían pintadas como “Negrín, ¿dónde está Nin?”, que claramente relacionaba al gobierno republicano con la desaparición del político catalán. Por su contra, en esa misma pintada, detractores de Nin añadirían después: “En Salamanca o en Berlín”. La opinión internacional también se posicionó al respecto y varios líderes socialistas extranjeros trataron de realizar, sin éxito, las gestiones oportunas para esclarecer qué había pasado con el líder del POUM.

Otros artículos de:

Añadir nuevo comentario