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Conexión Venezuela: los rebeldes guanches entrenados en Caracas

Lunes 06 de Agosto, 2018
Se dieron casos de independentistas y terroristas que fueron a Venezuela. En los últimos tiempos, a raíz de la situación del país caribeño han surgido informaciones sobre miembros de ETA en ese país, pero los terroristas que encontraron refugio ahí pertenecían a varias organizaciones. Una de ellas era de Canarias. Nos hemos encontrado con uno de sus principales dirigentes, que nos aclara en gran medida lo que está ocurriendo allí. Manu Paz

Diciembre de 2017. En el campus de la Universidad de La Laguna podemos fotografiar enormes pancartas recordando la muerte del estudiante Javier Fernández Quesada, el 12 de diciembre de 1977, por disparos de un guardia civil, allí mismo.

“Ni olvido ni perdón”, sentencia el cartel, junto a una foto del joven grancanario. Su muerte supuso un punto de inflexión en el incipiente Movimiento por la Autodeterminación e Independencia del Archipiélago Canario (MPAIAC), que vino a sumarse, en los sangrientos años 70, a otras organizaciones armadas como ETA o el GRAPO, que tomaron las armas para reivindicar la independencia del que consideraban su país.

Uno de sus activistas, Fructuoso Rodríguez, acaba de publicar MPAIAC: entre Canarias y Venezuela (Le Canarien Ediciones), ofreciendo una información, hasta ahora inédita, sobre la organización independentista canaria y Venezuela. Historia de Iberia Vieja viajó hasta Tenerife para entrevistarle. A pesar de su delicado estado de salud, tras una dura sesión de quimioterapia, Fructuoso Rodríguez tuvo la amabilidad de recibirnos en su domicilio.

“El 1º de mayo de 2014 –declara– ingresé en el Hospital Virgen de la Candelaria para ser operado por segunda vez de un problema oncológico. Fue ahí, en la cama del hospital, donde decidí hacer públicas estas vivencias personales. Creo modestamente que perecen ser compartidas por mi gente…”. La historia de Fruto Rodríguez, así le llaman sus amigos, no es una crónica oficial del MPAIAC, pero sí el valioso testimonio personal de alguien que vivió en primera persona uno de los episodios más desconocidos del independentismo canario en Venezuela…

LAS FUERZAS ARMADAS GUANCHES

Oficialmente el MPAIAC fue fundado el 22 de octubre de 1964 en Argelia por el abogado exiliado Antonio Cubillo. Apoyando la estrategia africanista de Cubillo, el gobierno argelino pone a su disposición las instalaciones de Radio Argel, desde donde comienza a emitirse el programa La voz de Canarias libre, que toda una generación de jóvenes y no tan jóvenes canarios escuchaba ansiosamente desde las islas, implicándose cada vez más en la lucha por la independencia del archipiélago.

Una lucha que la policía española reprimía enérgicamente. Las manifestaciones, pancartas y octavillas, dieron paso a la lucha armada. Y el 1 de noviembre de 1976 un artefacto explosivo detona en las Galerías Preciados de Las Palmas de Gran Canaria. A él seguirían otros. La referencia a esos artefactos como “petardos” o “bombas” depende de la fuentes, pero lo cierto es que con aquella primera detonación surgen las Fuerzas Armadas Guanches, el “brazo armado” del MPAIAC.

El 8 de marzo de 1978 fallecería el policía de 27 años Rafael Valdenebro, herido de gravedad mientras intentaba desactivar uno de esos artefactos, presuntamente colocado por el MPAIAC en San Cristóbal de la Laguna, y destinado a ejecutar a un abogado local. Su muerte provocó, como era previsible, un endurecimiento en la represión policial del MPAIAC. Y en ese ambiente de tensión, represión policial e ilusión independentista, creció Fruto Rodríguez.

–Yo recuerdo la presencia militar – explica Rodríguez–. Todos los militares españoles que estaban en el Sahara y que, tras la Marcha Verde, aparecieron aquí, protagonizando muchas peleas con los jóvenes canarios. Se les reconocía fácilmente por sus uniformes del desierto.

Recuerdo que hubo muchas huelgas, especialmente la de las guaguas, que duró meses. Como los conductores se negaban a trabajar, las guaguas eran conducidas por militares, escoltados por la Guardia Civil. Fue en esa época cuando ametrallaron la fachada de la Universidad, porque los estudiantes también estaban en huelga y mataron a Francisco Javier Fernández Quesada.

Recuerdo que fue cuando desmantelaron la fábrica de tabaco, que daba trabajo a miles de familias, para favorecer a los empresarios extremeños, en perjuicio de los trabajadores colonizados canarios, y que empezaron a venir armadores españoles para controlar también la pesca en los caladeros canarios…

Según explica Rodríguez “la entrada de los años 70 arrastra en la población canaria toda la amargura de décadas de represión, de siglos de colonialismo, de humillación y explotación. Es probablemente en el año 75 cuando explota la olla a presión en la que se encontraba nuestro pueblo. Por un lado, la muerte el 20 de noviembre del dictador Francisco Franco, antecedida en pocos días por el comienzo (6 de noviembre) de la Marcha Verde marroquí, que entrega vergonzosamente el territorio colonial del Sahara por parte de España a Marruecos y Mauritania, dejando a su población y al Frente Polisario a merced de una guerra que aún hoy en día continúa… El abandono del territorio del Sahara obliga a miles de familias canarias a regresar a su tierra, perdiendo sus viviendas y medios de subsistencia”.

–Esa es la época en que nosotros decidimos luchar –recuerda Rodríguez–. Porque la lucha no era de los partidos políticos, sino de los sindicatos, que no eran como los de ahora, y de la gente. Salíamos del barrio de Taco en manifestación, y a medida que íbamos caminando la gente se iba sumando.

Y si empezábamos mil personas en Taco llegábamos a Santa Cruz cinco o seis mil… En la actualidad eso no ocurre. –Tú empezaste por tu padre…

–Yo si te soy sincero, con 20 años, no pensaba en política, sino en las chicas. Pero mi padre, Fructuoso Rodríguez Díaz, se mete en la dirección. Contacta con Cubillo, incluso viaja a Argelia, y como era director de un colegio aquí, en uno de los sótanos instala una máquina multicopista y comienza a imprimir folletos y propaganda que nosotros repartíamos.

–Y también luchabais con poesía…

–Sí, un día apareció por el comercio Hermógenes Alonso de la Cruz, Hupalupa, un poeta que resultó ser el responsable de cultura del grupo, y nos dejó un montón de folletos que resultaron ser poesías independentistas. Y mi padre decidió que las metiésemos dentro de los periódicos que vendíamos en el comercio, para que cada comprador que se llevase un periódico se llevase también las poesías de Hupalupa… Los versos de Hupalupa, historiador, activista político y poeta, son inequívocos:

“El pueblo la lleva en la lucha
Los traidores sienten miedo,
atiende español y escucha:
¡mi bandera es lo primero!
Guanches, hijos de Canarias,
la historia lleva razón,
libremos nuestra Patria
¡echemos al español! 

Lejos de acobardarse, Fructuoso padre denuncia a los policías que lo interrogaron, airea el episodio en la prensa (la noticia llegaría a publicarse en El País, y en El Nacional de Venezuela), y poco después vuelve a ser detenido. “Tras presenciar la detención de mi hermano por llevar una camiseta con la bandera de Canarias y del Frente Polisario, mi padre se cabrea y empieza a insultarlos, a la policía y al Rey, y además despliega una bandera independentista enorme en la fachada del colegio.

UN CANARIO EN VENEZUELA

Tras la detención de su padre y hermano –y un soplo policial de que él sería el siguiente–, y aprovechando el origen venezolano de su esposa, en julio de 1982 se marcha a Venezuela. Según su libro, ya había tenido contactos con otros activistas que vivían allí antes del viaje:

“Un día vinieron a visitar a mi padre, recién llegados de Venezuela, dos representantes de la organización en dicho país. Eran Mario Pérez y la compañera Elba Martín. Poco imaginaba yo entonces la de aventuras que Mario y yo viviríamos juntos en un futuro próximo”.

–Yo llegué a la Venezuela de la cuarta república. Ahora todo el mundo dice que en Venezuela hay violencia, corrupción… en aquella Venezuela había más. Y había más analfabetismo, más hambruna, y más pobreza que en la actualidad, y eso no se cuenta. Yo lo primero que hice fue conseguir un trabajo, y cuando ya era autónomo contacté con Mario Pérez, al que ya había conocido en Tenerife y me citó en el club Archipiélago Canario de Caracas, en la urbanización El Paraíso, y aquello fue apoteósico. En la mesa del fondo, me acuerdo, estaban los canarios independentistas. No solo del MPAIAC, también de otras organizaciones. Mario, Elba, Benicode…

Y había también miembros de las FARC colombianas… Así me integro en el grupo de Venezuela. Nosotros decíamos que el MPAIAC era una organización militar, pero no teníamos estructura militar y fue cuando contactamos con Álvaro Carrera… Álvaro Carrera es un histórico de la lucha internacionalista venezolana. Hijo de Jerónimo Carrera, fundador del Partido Comunista de Venezuela, y de Magda Carrera, superviviente de la Alemania del III Reich, Álvaro, alias Comandante Joaquín, es un personaje que lleva la revolución en su ADN.

Rápidamente empatizó con Fruto Rodríguez y con la causa del MPAIAC, convirtiéndose en instructor de las Fuerzas Armadas Guanches en Venezuela. Carrera es un prolífi co escritor, autor de obras incendiarias como Nicaragua frente sur, Vietnam: crónica de una nueva guerra, La masacre de Yumare o A todo riego, entre otras. No es un teórico, ni un simple periodista, sino que habla por experiencia propia.

Brigadista venezolano voluntario en la guerra de Vietnam o en el frente sandinista de Nicaragua, siguió el modelo del Che Guevara, combinando la pluma con las armas, y se ganó el ascenso a Comandante Joaquín a fuerza de pegar tiros en zonas de guerra. Así que el MPAIAC en Venezuela no podía soñar con un instructor en la lucha armada más cualifi cado. Lo cierto es que la amistad entre Carrera y Fruto Rodríguez cuajó hasta el punto de que continúa veinticinco años después.

LAS FUERZAS ARMADAS GUANCHES EN VENEZUELA
–Nuestra intención no era hacer disparates por ahí, ni ponernos al nivel de ETA. Nuestra intención era constituir una organización militar y ponerla a disposición de Antonio Cubillo. Según explica Fruto en su libro, el Comandante Joaquín se sensibilizó rápidamente con el “problema canario”:

“Nosotros le propusimos que formara militarmente a algunos militantes de la organización para enviarlos de regreso a Canarias. La propuesta de Álvaro fue algo diferente: montar un campamento fijo en territorio venezolano. Los primeros reclutas, personas que ya vivían en Venezuela, no irían para Canarias, sino que se quedarían en Venezuela como instructores fijos. Estos serían los que instruyeran a los nuevos reclutas, que se reenviarían de nuevo a Canarias y, a su vez, tratarían de formar dentro del territorio a nuevos reclutas…”.

–¿Dónde estaba ese campamento?

–Álvaro, que no perdió su espíritu guerrero nunca, después combatir en Vietnam y Nicaragua, se entrenaba en una fi nca, escondida en la selva, en la zona alta de Todasa, estado Vargas, que casualmente era de un gomero, el viejo Sixto. Allí empezamos a ir dos fi nes de semana al mes. –¿En que consistía el entrenamiento?

–Armar y desarmar de armas cortas y largas, ataques nocturnos, marchas para endurecer las piernas, fortalecer las relaciones con los compañeros… Se dio la anécdota, una de las veces que íbamos hacia el campamento, de que nos encontramos un control de la Policía Metropolitana. Yo entonces llevaba un colt Python, y ya lo estaba sacando, porque pensaba que nos íbamos a caer a tiros con la policía, porque llevábamos el jeep lleno de armas. Entonces dice Álvaro: “Todos callados, hablo yo”.

Y se sacó de la cartera un carnet chimbo –falso– de policía. Los saludó diciendo que éramos compañeros de Cumaná y que íbamos a la casa del Comandante. Les preguntó cómo iba el servicio, y un cabo, Mata, aún me acuerdo, le dijo que bueno, que bien, que estaban requisando un poco de hachís y marihuana a los muchachos, y Álvaro se ofreció a que les echásemos una mano… Y así nos vimos, haciendo de policías, participando en el control policial como unos funcionarios más…

Desde ese día, siempre que íbamos al campamento, nos pasábamos por el cuartelillo para saludar al Cabo Mata y le dejábamos unas botellitas de ron, unas cajas de munición –porque a los policías les escaseaba– y terminamos siendo buenos amigos. Hasta que detuvieron a Álvaro con el arsenal, y apareció en todos los informativos…

–¿Te refieres a la gran redada de 1984?

–Sí. Una mañana me despierto con la noticia en todas las portadas y en los informativos de radio y TV de que habían detenido a más de 30 personas vinculadas con nosotros. Aunque la prensa y la policía venezolana vincularon el arsenal de armas incautado con los Tupamaros, en realidad pertenecían al movimiento canario. Con la detención de Álvaro Carrera el adiestramiento de las Fuerzas Armadas Guanches en Venezuela se vio interrumpido.

Durante semanas, y mientras continuaban las investigaciones policiales, Fruto y sus compañeros destruyeron las fotos, los trajes de entrenamiento y cualquier otra prueba que pudiese vincularlos con los detenidos, y se escondieron en la selva, esperando noticias. Solo al comprobar que la policía venezolana no encontraba su pista regresaron a Caracas.

A partir de ese momento, y como recuerda Fruto Rodríguez en su libro, los canarios se concentraron en apoyar a Carrera y a su familia durante su estancia en la prisión de Caracas: el famoso Cuartel San Carlos. Lo visitaron con asiduidad y entablaron amistad con algunos de los personajes más emblemáticos de la lucha armada en América Latina y algunos activistas venezolanos de primer nivel.

EL EQUIPO
Tras cumplir su condena y salir de prisión, los canarios continuaron bajo la tutela de Álvaro Carrera, pero lejos de retomar su pretensión de formar un campamento de adiestramiento del MPAIAC en Venezuela, resolvieron aprovechar su formación y entrenamiento en armas del otro lado de la Ley, convirtiéndose en escoltas del diputado Raúl Este, y recorriendo el país como una especie de Equipo A, dispuestos a desfacer entuertos desde las minas de oro de Sifontes a la prisión de El Dorado…

-De esta manera nació El Equipo –recuerda Fruto–. Era un grupo de personas motivadas por la acción revolucionaria que recorrerían Venezuela de punta a punta acompañando a Raúl Este en su trabajo como Diputado de la IV República, en defensa de los sectores más oprimidos”.

Así, los jóvenes miembros del MPAIAC y el Comandante Joaquín, pistola al cinto y fusil al hombro, se convirtieron en escoltas del diputado venezolano, viviendo nuevas y trepidantes situaciones que Fructuoso Rodríguez detalla en su biografía y que solo podrían ocurrir en un país tan sorprendente y lleno de contrastes como Venezuela.

Regresó a Canarias en 1986. Hoy sigue siendo una activo miembro de la causa independentista, pero quiere dejar claro que no aboga por la lucha armada. “La lucha continúa, ¡debe continuar! Nuestro futuro y el de nuestros hijos está en juego. Pero la lucha ha de ser pacífi ca, inteligente, movilizadora y conquistando la calle”.

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