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El correo submarino

Miércoles 09 de Enero, 2019
Hace más de 80 años, a alguien se le ocurrió la idea de crear un correo por submarino para el que fue diseñada una serie especial de sellos, aunque su vida se redujo a un solo viaje de ida y vuelta. Marcelino González Fernández

España estaba inmersa en la Guerra Civil. A principios del año 1938, el bando nacional reducía el terreno del bando republicano, que veía cómo su peseta de devaluaba continuamente.

Además, el gobierno de la República estaba falto de muchas cosas, entre ellas alimentos y municiones, y para sobrevivir necesitaba el apoyo extranjero. En el verano de aquel año, los territorios ocupados por la República estaban divididos en tres partes, dos en la zona peninsular y una insular.

La primera comprendía la zona centro sureste cerrada por Granada, Cáceres, Toledo, Madrid y Valencia. La segunda abarcaba la casi totalidad de las provincias catalanas. Y la tercera parte correspondía a Menorca, única de las Baleares en manos del bando republicano, y sometida al bloqueo del bando nacional.

Para la comunicación entre las partes había que recurrir a medios aéreos y marítimos, utilizando submarinos cuando era posible. Fue en esta situación en la que el bando republicano estudió diversas medidas para llamar la atención del exterior, atraer el interés internacional y ganar su soporte y apoyo. Una de ellas fue el “Correo Submarino”.

LOS SELLOS DE LA REPÚBLICA EN LA GUERRA CIVIL
Al principio de la Guerra Civil, la parte republicana contó con la Fábrica Nacional de Moneda y Timbre (FNMT) con sede en Madrid, donde fabricó muchos de sus sellos, aunque también utilizó otras imprentas para lanzar emisiones destinadas sobre todo a recaudar fondos.

Pero en 1938, el gobierno de Negrín se encontraba en Barcelona, adonde se había trasladado desde Valencia en noviembre de 1937. Ya no contaba con la Fábrica de Madrid, y se puso en contacto con expertos de Estados Unidos para confeccionar sellos. Como la República necesitaba dinero, entre otras medidas creó la Agencia Filatélica Oficial (AFO), ubicada en la Dirección General de Timbres y Monopolios de Barcelona (Calle Muntaner 240 y 242, esquina a Diagonal), que se encargó de diseñar y lanzar emisiones nuevas, al tiempo que tomó el control de las emisiones antiguas.

EL CORREO SUBMARINO
Además de sus penalidades y carencias, el bando republicano andaba escaso de motivos militares a resaltar, ya que al contrario que el bando nacional, iba de derrota en derrota y no contaba con ninguna victoria que cantar en su filatelia.

En esta situación, el director de la AFO, Arturo Fernández Noguera propuso crear un “Correo Submarino” para comunicar la Península con Menorca, bloqueada por barcos nacionales, entre ellos: cruceros Canarias, Baleares (hasta su hundimiento el 6 de marzo de 1938), Cervera y Navarra, destructor Velasco, minador Vulcano, submarinos Mola y Sanjurjo (hasta verano que se fueron a reparar a Bilbao), etc.

La idea era burlar el bloqueo, subir la moral de la gente, dar a conocer sus sellos y recaudar fondos. La propuesta fue aprobada por una Orden Ministerial de 11 del mayo de 1938, por la que el 11 de agosto siguiente, la AFO emitió una serie de propaganda para ser utilizada en correo submarino de Barcelona a Mahón, Menorca. La serie fue confeccionada en los talleres de Oliva de Vilanova, Barcelona, y constó de seis valores con tres motivos de submarinos: A-1 (Monturiol), B-2 y D-1, que se repitieron en una hoja-bloque de tres sellos bajo el título Primera Emisión de Sellos de Correo Submarino.

También hubo emisiones sin dentar; algunos valores con diferentes dentados; emisiones con la sobrecarga “MUESTRA”; impresiones en cartulina; y muchas variantes de color. Son los únicos sellos emitidos en el mundo para correo submarino, y sus características figuran en el cuadro adjunto. 

EL VIAJE DEL CORREO
Curiosamente, ninguno de los submarinos aparecidos en los sellos intervino en el correo. Lo hizo el submarino C-4, con un solo viaje Barcelona a Mahón y regreso. A las 8 de la tarde del 12 de agosto de 1938 salió de Barcelona al mando del “kapitan leitenant” soviético Guerman Yu. Kuzmin, y entró en la base naval de Mahón a la 1 de la tarde del día siguiente.

A la llegada, el comandante cumplimentó a las autoridades locales y recibió los documentos acreditativos del viaje. Finalizado el servicio, el D-4 salió de Mahón el 17 de agosto a las 10 de la noche y entró en Barcelona a las 10 y media de la noche de día siguiente.

Los documentos del viaje fueron entregados en la Dirección General de Correos de Barcelona, de donde pasaron al Museo Postal con la carta náutica utilizada durante la navegación. Para divulgar la noticia, a bordo viajó Werner Kell, corresponsal del Saturday Evening Post.

Un artículo del 11 de marzo de 1939, titulado Stamp War (Guerra de Sellos), describió el viaje y dijo que el submarino solo hizo inmersión en dos ocasiones, la primera para esquivar a un avión y la segunda para no ser visto por patrulleros nacionales a la entrada de Mahón. Custodiados por el oficial de correos Tomás Orós Jiménez, el submarino llevó a bordo 300 sobres dirigidos a comerciantes  y escritores de filatelia, numerados del R1 al R300 y sellados (150 con la serie completa y 150 con la hoja bloque).

También llevó cierta cantidad de sobres dirigidos a personalidades republicanas, que no sobrepasó los 100, con la inscripción en grandes caracteres “PRIMER CORREO SUBMARINO BARCELONA-MAHON” y un dibujo de la derrota del submarino; 25 sellados con la serie completa y el resto con sellos sueltos.

E incluyó 100 postales máximas numeradas y selladas, ilustradas con un submarino y la leyenda "Postal Maximum conmemorativa del Primer Correo Submarino, de Barcelona a Mahón". Por otra parte, algunos miembros de la dotación del C-4 utilizaron sellos sueltos en sobres con anotaciones a mano como "Sub. C4", "vía submarina", etc.

Aunque las tiradas de los sellos sueltos variaron entre 8.000 y 20.000, la cantidad de series completas se considera 8.000, que corresponde a la tirada menor. Se vendieron al doble de su valor facial.

Y las planchas de confección de estos sellos fueron destruidas en presencia de medios de comunicación, comerciantes de filatelia y empleados de correos, según informó la prensa de Barcelona el 26 de noviembre de 1938, y el "Dayly Worker" el 23 de diciembre del mismo año.

LOS SUBMARINOS
Visto el "Correo Submarino", vamos a recordar a sus protagonistas. El A-1, Monturiol, ya había causado baja al estallar la guerra. Era un submarino de la clase "A", de los primeros con que contó la Armada. Construido en La Spezia, se compró en 1917 a Italia con otros dos (el A-2 Cosme García, y el A-3). Procedían de la ley Miranda de 1915, que autorizaba comprar las primeras unidades en el extranjero, y eran los últimos de la clase Laurenti de los 24 construidos por Italia.

Fueron de pobres características y sufrieron muchas averías, pero resultaron ser unas excelentes escuelas para la Armada. Desplazaban 260 toneladas en superficie y 380 en inmersión, medían 45,6 m de eslora, y armaban dos tubos lanzatorpedos y cuatro torpedos Destacaban por sus popas en forma de balandro. Los tres causaron baja en la Armada entre 1931 y 1934.

La quilla del A-1 se había puesto en 1915, fue botado en 1917 y causó baja en 1934. El B-2 fue el único de los submarinos de la emisión que estuvo operativo durante la guerra. Fue uno de los seis submarinos de la clase "B": B-1 a B-6, construidos en los astilleros de la "Sociedad Española de Construcción Naval" en Cartagena, como continuación de la antes citada ley Miranda. Fueron los primeros submarinos construidos en España.

Resultaron unos buenos barcos, fiables, con pocas averías, y supusieron un hito para la industria nacional. La quilla del B-2 se puso en el 1917, fue botado en 1921 y fue entregado en 1922. Participó en la Guerra Civil integrado en el bando republicano. Al finalizar la guerra estaba hundido en Cartagena y fue reflotado.

En 1940 pasó a la Escuela de Máquinas de Ferrol, en septiembre de 1948 se convirtió en central eléctrica flotante, y causó baja en 1951. Sobrevivió a sus compañeros, de los que dos se perdieron en la guerra y los otros tres fueron dados de baja entre 1940 y 1941. De 64,1 m de eslora, desplazaba 563 toneladas en superficie y 716 en inmersión, tenía un cañón de 76,2 m/m y 4 tubos de torpedos.

Se hundió el 28 de noviembre de 1921 en el Cantábrico por un fuerte temporal, cuando era remolcado al desguace en Avilés. El D-1 estaba en construcción en Cartagena, y no llegó a estar operativo durante la guerra. Procedía de los programas navales de la dictadura de Primo de Ribera, continuados por la República a ritmo lento, de los que surgieron los submarinos de la clase "D": D-1, D-2 y D-3, con un gran retraso en su construcción debido a la guerra civil y a la posguerra.

Su quilla se puso en 1933, fue botado en 1944, y se entregó a la Armada en 1947, tras 14 años de construc ción. Los "D" fueron viejos de nacimiento y de escasa capacidad. Por los retrasos en su construcción, cuando fueron entregados ya se habían quedado anticuados, y fueron unas verdaderas pesadillas para la Armada. Desplazaban 1.050 toneladas en superficie y 1.370 en inmersión, medían 84 m de eslora, y armaban 6 tubos de torpedos de 533 mm, 2 ametralladoras y un cañón de 120 mm.

El D-1 causó baja en 1965. Sin haber aparecido en la serie, el C-4 fue el verdadero héroe de esta aventura. Era uno de los seis submarinos clase "C" construidos en Cartagena siguiendo el programa de la Dictadura, que había anunciado la construcción de doce, aunque más tarde se redujeron a seis para dar paso a los "D" antes citados.

Fueron entregados entre 1928 y 1930, concretamente el C-4 se entregó en 1929. Fueron de excelentes cualidades y supusieron un gran avance para el Arma Submarina. Desplazaban 914 toneladas en superficie y 1.142 en inmersión, medían 75,3 m de eslora, y armaban un cañón de 76 mm, una ametralladora antiaérea y 6 tubos de torpedos.

Hacia el final de la guerra el C-4 huyó a Bizerta, de donde fue recuperado para incorporarse a la Armada. Hoy reposa en el fondo del mar frente las costas de Sóller, donde se hundió con toda la dotación en el 1946, al colisionar con el destructor Lepanto cuando salía a superficie durante unos ejercicios

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