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¿Dónde vas, Alfonso XII?

Lunes 12 de Marzo, 2018

A los reyes patrios siempre les han “puesto” las artistas. De Alfonso XII se destaca su fidelidad a su prima María de las Mercedes, cuya prematura muerte en 1878 lo sumió en la más honda melancolía. La pareja solo pudo amarse cinco meses, antes de que la tuberculosis se llevara a la reina al otro mundo.

Aficionado a las verbenas y las zarzuelas, el Pacificador no tardó en hallar consuelo en el amor de una cantante lírica, Elena Sanz, a quien la oratoria de Castelar retrató con “labios rojos, la color morena, la dentadura blanca, la cabellera negra y reluciente como de azabache, la nariz remangada y abierta, el cuello carnoso y torneado a maravilla, la frente amplia como la de una divinidad egipcia, los ojos negros e insondables cual dos abismos que llaman a la muerte y al amor”.

Hacia esos ojos fue, triste de él, el rey viudo, quien conocía a la estrella desde su adolescencia en Viena. Las malas lenguas lo quisieron conectar con ella incluso en vida de María de las Mercedes, extremo que no está demostrado.

El rey no tardó en “ponerle un piso” en la madrileña Cuesta de Santo Domingo –más bien una lujosa residencia, todo hay que decirlo– y, siempre que sus obligaciones se lo permitían, la cumplimentaba.

Los conservadores no veían con buenos ojos esos amoríos, menos aún, claro, cuando el rey contrajo segundas nupcias con María Cristina de Habsburgo-Lorena, madre del futuro Alfonso XIII. La boda se celebró el 29 de noviembre de 1879 en la basílica de Atocha y, hasta la muerte de su esposo en 1885, la hija de los archiduques Carlos Fernando e Isabel Francisca de Austria tuvo que soportar sus constantes devaneos. Un dato: Elena Sanz tuvo, que se sepa, dos hijos de Alfonso, que el Borbón jamás reconoció. Se llamaron Alfonso, como el padre, y Fernando.

 

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