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España al... ¡desnudo!

Miércoles 05 de Diciembre, 2018
Hace apenas unas décadas que la práctica del nudismo es percibida como algo habitual, especialmente en las playas. El Franquismo había prohibido una actividad que tuvo muchos seguidores a comienzos de siglo XX.

Empezar un texto sobre el desnudo con Adán y Eva, la maldita serpiente, la manzana irresistible y el empleo –por obligación moral– de los ropajes para esconder nuestras partes pudendas, puede ser tópico. Y poco histórico. Así que, por eso de remontarnos milenios atrás, acudimos a personajes históricos bien conocidos, Nefertiti y Akenatón, por ejemplo.

En unas representaciones de su época, se describía cómo el mítico emperador, su aún más mítica esposa y sus hijos deambulaban siempre desnudos en el interior del palacio con objeto de desarrollarse física y espiritualmente al tiempo que exhibían sus cuerpos soberanos al rey sol. Posteriormente, los sacerdotes obligaron a liquidar esta costumbre.

Aunque si hemos de despertar y pasar el día desnudos, paseemos por la Grecia clásica. Si los dioses habían creado a los hombres a su imagen –fornidos y proporcionados como mandan los cánones–, qué mejor que exponerlo mostrando sus cuerpos. Romanos y sus muy nudistas espectáculos deportivos se regocijaron también en la libertad del desabrigo… Hasta que llegó la Iglesia católica y la Edad Media y se estableció un decoro forzoso en el que era obligado encubrir cualquier porción de piel.

LA REBELIÓN DEL DESNUDO
Tras largos siglos de abrigo público, a finales del siglo XIX, y especialmente en Alemania, surgió una reacción contra la industrialización y la migración global a la ciudad, es decir, con el alejamiento de la naturaleza. Tardará algunas décadas en aparecer el fenómeno en nuestro país, pero lo hará, con tanta polémica como contundencia. Entre otras cosas porque en buena medida estaba asociado a corrientes contraculturales y progresistas.

Para que el ser humano se liberase de las ataduras sociales y económicas, el cuerpo debería acompañar esta emancipación. Y para ello, la ropa sobraba. Quizá fuera esta sublevación ligada al movimiento nudista la que lo hizo especialmente interesante para el poderoso anarquismo de aquella época, como nos recuerda la historiadora María del Carmen Cubero en su libro La pérdida del pudor. El naturismo libertario español (1900-1936), editado por LaMalatesta.

Si hay que disponer una fecha que establezca su inicio en nuestro país, podría valernos la creación de la Sociedad Vegetariana Española, en 1903, que, junto a un cambio en los modelos de alimentación y en general de vida, propugnaba el regreso a la desnudez de nuestro origen. Un año después enlazaba a dicha Sociedad la revista que trataba de divulgar su ideal en un público más amplio, El régimen naturista.

Obviar que las ideas de la Sociedad vegetariana y su revista iban mucho más allá de la desnudez corporal sería capcioso. Su concepción resalta que todo aquello que nos permita entrar en un contacto directo con la naturaleza –también en nuestra forma de alimentarnos– será más saludable y nos hará más libres.

Por ello, en estos momentos germinales, serán los profesionales de la salud, especialmente los médicos, quienes formen parte –al menos en su gran medida– de la Sociedad y sean pioneros del naturismo y el nudismo. Habrán de pasar unos años para que sea la aparición de la revista valenciana Helios, en 1916, la que divulgue entre distintas capas de la sociedad el movimiento. En ella se apuesta por el higienismo, la utilidad de frutas y verdudas, el ataque al alcohol y el tabaco o el apoyo al uso de espacios públicos para adoptar actividades exportadas de Alemania como los baños de aire:

“Es muy agradable, durante la canícula, desnudarse, pasearse lentamente o acostarse a la sombra y tomar luego una ablución, tibia o fría”, recomiendan en el número de diciembre de 1916 de Helios. El apoyo al naturismo –y al nudismo– creía en España, pero no dejaba de ser un movimiento aún marginal, nada que ver con lo que ocurría en los años posteriores a la Primera Guerra Mundial, en tiempos de la República de Weimar, en Alemania. 

Entonces eran varias las asociaciones que presumían de tener más de 100.000 socios en sus filas. El devenir turbulento del siglo XX español modificó intensamente la percepción y permisividad del nudismo por parte de las autoridades.

Hasta que la Guerra Civil y posterior dictadura vistieron el nudismo con los abrigos más púdicos. Los últimos años del franquismo, sobre todo por el empuje del turismo y la importación del top-less en las playas, hicieron más laxas las costumbres.

Pero no fue hasta la llegada de la democracia cuando se volvieron abrir las leyes a la desnudez. Hoy, a no ser que exista un dictamen legal que así lo determine, el nudismo en las playas es perfectamente legal en toda España. Es más, pese a que la mayoría de la población piense lo contrario, es legal la práctica del nudismo en cualquier espacio público, y lo es siguiendo una ley del Tribunal Europeo de Derechos Humanos.

Es más, España se considera uno de los paraísos mundiales del nudismo y existe incluso una localidad, Vera, en Almería, que, desde que el gobierno civil en 1979 oficializara su playa como nudista, basa buena parte de su turismo en la práctica nudista. Hasta el punto de que cuenta con un hotel donde prácticamente todo ha de hacerse como Dios nos trajo al mundo.

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