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El estraperlo en los años del hambre

Martes 27 de Octubre, 2015
Al terminar la Guerra Civil, España sufría graves problemas de desabastecimiento. Al principio de los años cuarenta la situación de hambre y penuria que se vivía en muchas de las ciudades y pueblos de nuestro país obligó a las autoridades franquistas a intervenir para controlar la producción y distribución de alimentos de primera necesidad. Aparecieron entonces las cartillas de racionamiento y productos como el pan blanco, la carne o el aceite se convirtieron en artículos de lujo que casi sólo se podían conseguir en el mercado negro. José Luis Hernández Garvi
En la memoria colectiva de nuestro país todavía permanecía reciente el escándalo provocado por el estraperlo en tiempos de la II República. El término había empezado a usarse en el lenguaje coloquial como sinónimo de asunto turbio y por extensión empezó a emplearse para designar el comercio clandestino de alimentos durante la dramática Posguerra. Los que se dedicaban a este lucrativo negocio recibieron el apelativo de estraperlistas. 
Estos especuladores ofrecían a precios abusivos los artículos racionados que no se podían encontrar con facilidad. Se trataba de un fenómeno de corrupción a gran escala en el que estaban implicados desde los propios agricultores y ganaderos que ofrecían directamente, casa por casa y a través de contactos, los productos de sus huertos y granjas, hasta altos funcionarios del estado, muchos de ellos encargados de velar por el adecuado abastecimiento de la población. Estos responsables públicos, entre los que se encontraban algunos militares, se aprovecharon de su situación de privilegio para desviar alimentos al mercado negro, obteniendo grandes beneficios con este negocio corrupto. 
Nació así una auténtica red de tráfico de influencias, permisos de importación interesados y cupos de producción concedidos a industriales bien relacionados, que permitió a unos pocos hacer grandes fortunas a costa del sufrimiento de una gran parte de los españoles que asistían impotentes y hambrientos a la expansión de la trama del estraperlo. Preocupados por las consecuencias que podía tener para la estabilidad del régimen, las autoridades del Gobierno tomaron una serie de medidas para erradicarlo, lucha en la que teniendo en cuenta los nombres e influencias de algunos de los implicados no pasaba de ser una actuación de cara a la galería. De esta forma, las redadas contra el estraperlo, de las que el aparato de propaganda del franquismo informaba con su retórica habitual y gran despliegue de medios, apenas servían para detener a unos pocos estraperlistas de segunda fila y decomisar pequeñas cantidades de productos, éxitos con los que se pretendía acallar las críticas de una población que llevaba ya demasiados años padeciendo los que fueron conocidos como los años del hambre. 
Al principio de la década de los cincuenta del siglo XX, las mejoras económicas que se derivaron de la lenta reconstrucción del país, unidas al fin de las sanciones internacionales contra el régimen de Franco y al apoyo expreso de los Estados Unidos, que en aquella época tenía a España como un firme aliado contra la expansión del comunismo en el contexto de la Guerra Fría, permitieron que en 1952 se anunciase el final de las cartillas de racionamiento, lo que provocó la paulatina desaparición del estraperlo surgido en la Posguerra española.
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