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Galicia y la farlopa blanca

Miércoles 01 de Agosto, 2018
Más del 80 % de la droga que entró a Europa en los 80 y 90 llegó por Galicia. Fueron años de impunidad y silencio que permitió que esta tierra se convirtiera en el acceso de la cocaína que invadió de muerte a todo el país y el continente. Bruno Cardeñosa

Hasta ese momento aquella tierra estaba olvidada por el poder y miles y miles de personas tenían que buscarse las habas. Los más ignorantes habían encontrado en las descargas de tabaco una forma de subsistencia que les permitía vivir con unas perras más de las habituales.

Era un negocio ilícito que bebía de un pasado en el que se traficó con wolframio -en la época de los nazis- y que se hizo la capital del estraperlo, pero a partir de entonces los traficantes se desabrocharon los botones de la camisa e hicieron el gilipollas. Uno de esos grupos era Los Charlines, que habían logrado construir un pequeño imperio en las Rías Bajas.

En ese grupo se encontraban personajes como Manuel Charlín, Laureano Oubiña o Sito Miñanco, que era como todos conocían a José Ramón Prado Bugallo. Era el típico chuleta con ganas de ser líder, aunque sólo sabía destacar entre los más desgraciados, pero a su personalidad se le sumaba una falta de escrúpulos patológica. Su fugaz paso por la cárcel le sirvió para conocer a algunos capos del Cartel de Cali que habían venido a España para buscar nuevas rutas de entrada para la coca con la que se estaban haciendo ricos.

En aquel viaje, entre Galicia y Panamá, en aquel encuentro que cambió la historia de Galicia, Sito se encontró con Odalys Rivera, sobrina del ministro de Justicia de Panamá en la época de Eduardo Noriega, dueño del país, que ya aparecía en los papeles de la DEA –el departamento de la CIA que se encargaba de la investigación del tráfico de drogas– como un auténtico narco sin escrúpulos. A raíz de aquellos encuentros Pablo Escobar contactó con los gallegos, que hicieron el trato para que los narcos fuera a recoger droga en un punto acordado en mitad del Atlántico. De ahí la traían a España para esparcirla por toda Europa.

PABLO ESCOBAR EN ESPAÑA
No nos engañemos. No es una historia sólo de “malos”. El poder está lleno de hipocresía. Noriega llevaba desde los años 50 trabajando para la CIA y gracias a sus contactos con la Casa Blanca tuvo libertad parta poder hacer y deshacer, hasta que no sirvió a los intereses de Estados Unidos y su país fue invadido en la Operación Causa Justa en 1989.

Él era uno de ellos. Por su parte, Pablo Escobar –que fue asesinado después– también  hacía lo que quería. Su hijo me contaba que sin el apoyo de los que mandaban, él no hubiera podido construir el imperio que edificó. “Sin el apoyo de los políticos, de la CIA, de los gobiernos... Pablo Escobar no hubiera podido poner al mundo de rodillas”, me decía Juan Pablo, que lleva décadas conviviendo con la sombra de su padre aunque reconoce que “me inculcó valores, pero eran valores que él no practicaba”. 

Aparece, cuando era un niño, en la serie Narcos, que está teniendo éxito mundial. Ha sufrido toda su vida el estigma de llevar unos genes que no eligió. Otra serie, Fariña, de Antena 3, muestra la historia de los narcos españoles. Sito Miñanco, el Pablo Escobar español, es uno de ellos; no hubiera ascendido a donde ascendió si no lo hubieran catapultado unos intereses políticos y policiales que apoyaron sus tramas, unido a un silencio atroz por parte de la sociedad, que estaba comprada por el dinero que entraba en Galicia por entonces.

Casi todas las empresas y negocios de la época formaban parte de alguna operación de blanqueo de dinero. Tras la primera detención de Sito Miñanco, llegó otra y otra. Su estancia en la cárcel está llena de sombras; da la sensación de que encerrado seguía dirigiendo sus redes.

Incluso en Carabanchel tuvo trato con algunos capos de Colombia; dos de ellos, Gilberto Rodríguez Orejuela –en cuya autobiografía se cuenta que hizo pagos a diferentes gobiernos de España– o Ramón Matta Ballesteros, fueron reclamados por el gobierno de Estados Unidos, aunque la petición de Reagan no fue atendida en España por el presidente de entonces, Felipe González, a cuya toma de posesión acudió Pablo Escobar en una de sus visitas a Madrid.

Aquello no significaba nada, que nadie lo piense. “Él formaba parte de una comisión, y como tal fue invitado, pero en aquel viaje claro que hizo tratos con empresarios y políticos españoles”, me explica su hijo. Cuando Miñanco estuvo en Carabanchel se le abrieron las puertas y estrechó lazos con el Cartel de Cali.

Entre rejas y reja, Miñanco dejó Galicia y se fue a vivir a mansiones en Madrid, en donde llegó a comprar las voluntades de empleados de Telefónica para que le avisaran de que pinchaban su teléfono o compraba coches de lujo para silenciar a quienes le podían molestar. Hace unas semanas, acaba de volver a ser detenido. ¿Y qué se encontró en su casa además de grandes cantidades de dinero? Pues un dossier, con guion incluido, de Fariña…

DE LAS DESCARGAR DE TABACO A LAS DESCARGAS DE COCA
A partir de los años 70 del siglo XX se produjo una crisis, que dura hasta hoy, en la actividad pesquera tradicional. Aquello permitió que el tráfico de tabaco lograra convertirse en un lucrativo negocio.

Las llamadas “descargas” se hicieron comunes. En el fondo eran muy sencillas: consistían en pasar el contenido de grandes buques a lanchas que tenían los pescadores para que descargaran a tierra las cajetillas de Winston que llegaban de América. Ya en tierra, el jefe de cada clan recogía las cajetillas descargadas y las volvía a revender, de forma que llegaran a sus puntos de venta.

Sin embargo, a comienzos de los años 80, toda esa red fue poco a poco transformándose y del tabaco se pasó a la cocaína. El procedimiento era bastante parecido, con la única diferencia de que se estaba pasando de una droga blanda a una dura, muy dura, que en aquella época mató a miles de personas. Era el perico, la farlopa, los tiros…

Los jóvenes –la adquirían en Galicia más barata– de entonces no estaban informados de sus perjuicios y la adrenalina que les despertaba servía para que esos muchachos participaran en las descargas de ese nuevo oro. Vestían bien, llevaban dinero a casa, usaban cochazos… Ellos hacían creer a sus madres que les estaba yendo bien. Y no era uno, ni diez, ni mil…

¡Eran decenas de miles los que se metieron en esas redes envenenadas! Europa entera fue inundada por fariña. En aquella época, dos traficantes entraron en la senda del arrepentimiento. Se llamaban Ricardo Portabales y Manuel Fernández Padín, que escribieron a la Audiencia Provincial de Pontevedra denunciando aquel “tránsito”. Dieron nombres, datos, detalles…

Por su gravedad, los jueces gallegos decidieron pasar la investigación a Madrid. En la capital se encargó de aquello un por entonces desconocido juez, Baltasar Garzón, que durante años fue investigando lo que ocurría en las Rías Bajas.

Era tremendo. Había todo un sistema que favorecía que las cosas ocurrieran así, pero los “malos” no sólo eran los traficantes, sino que ellos existían y se podían mover con cierta libertad gracias a que diversos servidores públicos –políticos y policías– hacían  la vista gorda ante lo que estaba ocurriendo.

Al mismo tiempo, decenas de madres de jóvenes que habían enfermado o muerto por culpa de la droga tenían un dolor desgarrador por lo que habían vivido. Se oreganizaron e hicieron visible su dolor. La sociedad y la prensa les dio bastante cobertura y el trabajo que hicieron tuvo una enorme influencia en la sociedad.

El testimonio de Portabales fue fundamental para conocer qué es lo que ocurría entonces. El propio Garzón me lo aseguró durante una entrevista que tuve con él en el programa La rosa de  los vientos, de Onda Cero. También me lo dijo el propio Portabales hijo: “De la noche a la mañana explotó todo y nos vimos en los medios de comunicación de todo el país”. Pero mantiene prudencia: “Una de las cosas que he aprendido es a ver, oír y callar. Aunque supiera mucho, mucho… no hablaría jamás”.

OPERACIÓN NÉCORA
Con toda la información –decenas y decenas de tomos de información– el juez Garzón organizó el que iba a ser el mayor golpe al tráfico de droga en España que jamás se haya producido. No fue fácil. Ya había experiencia en España gracias  a las redes de tráfico de hachís en el sur, pero esto iba mucho más allá, y aunque la operación no fue judicialmente un éxito sí sirvió para que el problema fuera visible y los narcos no actuaran con total impunidad.

Nadie se podía fiar de nadie. Y el juez Garzón no lo hizo, por eso reunió a 350 agentes de policía en Madrid. No quería que los de Galicia participaran, ya que sabía que entre ellos había ovejas negras y cualquier filtración podría echar al traste la operación más relevante de la historia contra el crimen organizado.

El 12 de junio de 1990 se llevó a cabo la Operación Nécora. Ya han pasado casi treinta años de aquello, que no fue sino uno de los momentos más trascendentes de la historia reciente de España. Decenas y decenas de personas fueron detenidas  y se desmantelaron las principales redes de tráfico de droga y se desarticularon muchas de las bandas, varias de las cuales tenían que ver con Laureano Oubiña, quizá el traficante más conocido, aunque ninguna de sus condenas tiene que ver con cocaína sino con hachís y tabaco.

Él ha asegurado que sí, que trabajó con ambas sustancias, pero que nunca lo hizo con cocaína. Acaba de salir de la cárcel, y una de las primeras cosas que hará es sentarse en el banquillo, pero el de los acusadores, porque la acusada será Carmen Avendaño, la mujer que lideró Érguete, la agrupación de madres contra la droga que nos hizo saber a todos que una generación entera de jóvenes se estaba perdiendo, porque todos morían antes o después.

Ahora es ella la perseguida, por ejercer su libertad y derecho. Es que el mundo está al revés… Las imágenes de la Operación Nécora dieron la vuelta al mundo. Como en Italia, la mafia –de Galicia, y no de Sicilia, aunque Galicia se convirtió en una pequeña Sicilia– quedó severamente tocada. Y como en Italia, un juez pasó a ser diana de los atacados. Desde entonces  la vida del juez Garzón ya no fue la que era.

Me vi con él recientemente, y me dijo que aquella operación no hubiera sido posible sin la ayuda y el impulso de mucha gente, y entre otros, de Avendaño y de las confesiones de Portabales,. cuyos datos fueron fundamentales. Ricardo Portabales padre desapareció y se refugió en algún lugar de América.

No se conoce nada de él, pero sí sabemos que toda su familia pasó a estar protegida al amparo de Ley de Testigos Protegidos 19/1994. Actualmente, el hijo es quien intenta recordar su memoria y exige justicia, especialmente para su madre, ya que ella ha sido la gran olvidada de esa ley, que dejó de mantener a la familia lejos de toda persecución: “Yo era un niño por entonces.

Perdí mi infancia. Un día, vi mi casa protegida por tres helicópteros y a mi madre en el salón, sentada en el sofá, rodeada por ocho agentes… jamás se me olvidará esa imagen”, me dice Portabales hijo. “Nos decían que nos teníamos que ir a Madrid, algo que para nosotros era una novedad porque no habíamos salido del pueblo. Éramos unos ignorantes. La verdad es que lo pasamos muy mal. La gente no tiene ni idea del calvario que hemos pasado”.

Me explica cómo les cambiaron de nombre, de aspecto, de ocupación, les pusieron un piso en Madrid, les dieron una asignación mensual… Pero en un momento determinado, esa protección desapareció. Portabales fue a la Audiencia Nacional, pero cuando llego allí para pedir auxilio ya no se encontraba el juez Garzón.

Se lo habían quitado del medio. Cuando se dicen cosas sobre él -y no se puede negar que en sus instrucciones ha cometido enormes errores-, conviene saber que ese fue el comienzo de su calvario y persecución. No es por motivos ideológicos ni políticos, sino que esa es la excusa. El problema es que tocó al poder, y tocó a los que vivían de ese sistema que se había creado en Galicia. Los inocentes se habían visto arrastrados.

EL ALCALDE QUE LIDERÓ EL SECUESTRO DE FARIÑA
Uno de los que repitió esa acusación contra Garzón fue Alfredo Bea Gondar, que había estado en la cárcel cinco meses acusado de tráfico de drogas. Era alcalde de O Grove; presumía de su amistad con Adolfo Suárez –más tarde se dejaría ver con Mariano Rajoy– y tenía un gran favor de la población.

Tras la cárcel decidió dejar Galicia y se fue a vivir a Colombia. Eso sí, después le absolvió el Tribunal Supremo; en su acusación había defectos de forma que sirvieron para esa exculpación. Sigue defendiendo su inocencia y considera todavía que la Operación Nécora fue una maniobra del PSOE y de Garzón para obligarle a dejar de ser alcalde. Cuando supo del libro Fariña, y que en ese libro se le mencionaba aludiendo a las sentencias que hubo en su contra y que aparecen reflejadas muy brevemente en la obra, se querelló contra el autor por sentirse lastimado en su honor y derecho a la intimidad.

La jueza admitió –aunque no se pueda explicar– a trámite la denuncia y ordenó al secuestro de la obra. Era una decisión inaudita en un país en democracia. Este escándalo ha recorrido el mundo entero, en donde se tiran de los pelos con preocupación por el avance de la censura en España. Afortunadamente, Antena 3 acababa de rodar una serie sobre la obra, por la que incluso el presidente del Gobierno y antiguo amigo de Gondar, Mariano Rajoy, ha felicitado por escrito a su autor, Nacho Carretero.

En unas declaraciones  efectuadas al diario El Mundo y que se han publicado el 11 de marzo de 2018, Bea Gondar dice: “El narcotráfico estaba en Cambados, no en O Grove. Aquí había algún camello pero poco más. Las lanchas pasaban por aquí pero no paraban”.

En dicha conversación dice –aunque no se puede valorar lo que dice, debido a la extraña actitud de la policía del pensamiento– lo siguiente: “Si no fuera creyente y tuviera un revólver buscaba al tipo y le pegaba un tiro en la cabeza”. Así que mientras Bea Gondar no se vuelva ateo, Nacho Carretero no tiene que preocuparse. Tampoco tienen que preocuparse los jugadores del equipo de Vilanova; la fotografía del equipo, tomada en 1982, ha dado la vuelta al mundo y se ha convertido en un símbolo en la lucha contra la droga.

La mayor parte de aquel equipo murió como consecuencia de las drogas. Fue una generación perdida. Sólo quedan tres con vida. Al resto los mató la puta droga que inundó la ría. Algunos iban a misa, pero la vida no distinguió a los creyentes de los que no lo son. Ojalá esas creencias de Bea Gondar le hubieran servido para que en aquel tiempo hubiera ayudado a limpiar Galicia de polvo blanco.

Decía Roberto Saviano, otro periodista perseguido por denunciar el tráfico de droga en Italia: “Mira la cocaína: verás polvo. Mira a través de la cocaína: verás el mundo”. Y ese mundo sigue siendo igual de flipado treinta años después de que las rías se inundaran de basura para el cerebro.

Pero no nos olvidemos: la droga y el dinero tan inmenso que genera tienen mucho que ver con el tráfico de droga, porque después de generar mucho, ese dinero hay que blanquearlo y ponerlo en circulación. No vale de nada guardarlo debajo del colchón. Y es precisamente esos blanqueos de dinero, normalmente usando paraísos fiscales como los denunciados por Panama Papers los que han construido gran parte del mundo que tenemos.

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