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¿Qué habrías hecho si tu hijo hubiera entrado en ETA?

Lunes 29 de Mayo, 2017

Lo ocurrido en la localidad donde tienen lugar los hechos es lo ocurrido en miles de lugares. Es la historia de dos familias unidas, que se quieren, que se adoran… Pero en el camino de su relación se cruza la tragedia. El marido de Bitori –la protagonista de este libro– comienza a recibir extorsiones y amenazas, su nombre aparece en numerosas pintadas que alguien ha realizado en el pueblo, le mandan cartas anónimas que no son más que el impuesto revolucionario que tiene que pagar para salvar su vida…

El hombre muere asesinado. El principal sospechoso es un joven de la otra familia, el hijo de una íntima de Bitori. La historia arranca cuando ella vuelve a su pueblo tras el anuncio del fin de la lucha armada que hicieron los terroristas de ETA hace unos años. Sin embargo, los fantamas del pasado aún están presentes. Es un relato ficticio pero es una historia que suena a real y que vivieron miles de personas en una época que embargó el futuro de todo el pueblo vasco. Patria es inmensamente humana, aunque expone todo lo inhumano que ocurrió y que provocó que esta historia fuera habitual.

Su autor es un reconocido escritor, pero el éxito de su novela ha sido inesperado. Nadie esperaba que su obra se convirtiera en un fenómeno social. Ha hecho estallar los cristales de las librerías clavándose en las conciencias de las gentes. No es que nos hayamos dado cuenta de que medio siglo de terrorismo había causado unas heridas que se veían y se podían curar y otras que aparentemente sangran menos pero cuya curación es complicada. Esas heridas casi invisibles son las que supuran en Patria. Gracias a la editorial Tusquets supimos que su autor venía a España –es vasco de arriba a abajo, aunque vive en Hannover (Alemania) desde hace más de tres décadas– y aprovechamos para conversar con él.

Tu libro se mete en la letra pequeña, en lo que había dentro de las personas, en las famlias… Hacía falta una novela para hacer eso.

Esto es así. De hecho esta esa la función de la literatura, que rescata para la memoria colectiva la intervención de lo individual en la historia. Entramos en las cocinas, en las alcobas… En el texto el narrador interpela directamente y pregunta: “¿Qué habrías hecho tú si un hijo tuyo se mete en ETA?”

Intento dar respuesta a cuestiones de este tipo que mucha gente tuvo que hacerse en esa época.

El libro comienza con el retorno de Bitori a su pueblo después del anuncio de ETA de que dejaba la lucha armada. ¿Hubiera sido posible Patria en otro momento?

No, no hubiera sido posible porque ese hecho es una parte fundamental de la narración. El anuncio del cese de la violencia suscita mi novela.

Para contar lo que has contado, para meterte en la mente de las personas, tu conocimento de la lengua y del alma humana a través de la poesía ha sido fundamental.

Por un lado ha sido fundamental mi relación pasional con la lengua en la que me expreso, que es uno de mis juguetes favoritos. El uso literario de mi idioma es uno de mis grandes estímulos. El otro tiene que ver con la pasta humana: cómo son las personas, sus comportamientos, sus distintas reacciones, sus sueños, su deseo… Estos son los ingredientes con los que cocino.

Una de las cosas que ha gustado mucho de tu libro es cómo describes el ambiente de opresión y miedo que existía en algunos lugares. ¿Hubo muchas víctimas además de los asesinados?

Sí, esto está más que documentado y estudiado. Lo que pasa es que el dolor es complejo y en algunos casos es perdurable. Lo que conocíamos era la noticia, la muerte, el asesinato, la sábana cubriendo el cádaver… Pero yo he querido exponer otra cosa. Quería exponer cómo se vive un asesinato en la intimidad, qué emociones despertaba el muerto, a qué olía la calle…

Una de las cosas que has conseguido, al hablar de todo en el libro, es que tu obra no se califique de uno y otro color, de una u otra ideología… La que importa es la ideología humana.

La mía desde luego que es la humana. Hay algunos opinantes adversos que quieren ponerme en uno u otro cajón ideológico. Si me conocieran un poco no lo harían. Además, creo que el discurso político se queda corto. Yo practico el discurso literario. Ahora bien, cuando concedo entrevistas digo lo que pienso y lo que pienso está directamente influenciado por mi solidaridad con las víctimas. Ahí no hay medias tintas, pese a que hay una contraposición de relatos. Algunos están directamente en caminos a blanquear el terrorismo y lo que hacen con ellos es ensanchar las heridas de las víctimas.

En el libro hablas de muchos cómplices, de gente que, queriéndolo o no, lo fueron. Directos o indirectos. Uno de los que aparece como comprensivo con los terroristas es el cura. No los apoyaba, pero era cómplice. ¿La iglesia apoyó el terrorismo?

La iglesia de forma programática no, pero curas en concreto, sí. Algunos han apoyado el nacionalismo cultural, el relativo al idioma o a las tradiciones, pero otros, como está comprobado, tuvieron una participación activa.

Dices ciertas cosas sobre la guerra sucia y sin embargo estás cerca de las víctimas. Este es uno de los logros que se han producido en estos últimos años. Se puede denunciar eso sin que te encuadren ideológicamente.

Es que esto no me lo pienso ni dos segundos. Las torturas en los cuartelillos se han dado. Hay sentencias en ese sentido que condenan al estado español. Eso lo hace materia narrable, pero yo escribo desde la compasión con el ser humano. Un joven que ha sido torturado es una víctima, con independencia de que en otro memento de su existencia haya sido agresor. Y los que viven a su alrededor, son víctimas también. Hay diferentes tipos de víctimas, eso es cierto, pero no me parece noble valerse de unas para anular otras.

¿Ha habido mucha autocensura en estos años?

Claro que la ha habido. Hay gente que calló, porque el miedo incita a callar. Es comprensible. Por eso es terrorismo, porque aterroriza, limita pensamientos, limita movimientos, limita libertad...

Lee la entrevista completa en el nº143 de la revista Historia de Iberia Vieja

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