Se encuentra usted aquí

Guerra medieval por el dominio del mundo

Lunes 03 de Diciembre, 2018
La guerra fue un conflicto tremendo y una de las más cruentas de toda la Edad Media. Se estaba disputando el dominio de toda Europa, con lo que eso significaba, que era gobernar sobre el mundo entero, pero para Pedro III lograrlo no era un camino fácil. Bruno Cardeñosa.

La vida del rey de Sicilia, padre de Constanza no había sido sencilla. Era hijo del emperador Federico II Hohenstaufen, que se había casado con Constanza Augusta cuando sabía que iba a morir. Su casa era alemana y eso hacía que Italia fuera uno de los dominios alemanes, lo que no gustó nada al Papa Inocencio IV, que regía sobre la fe de los cristianos, y el padre de la niña se negó a entregar su reino al Vaticano, lo que desató la furia del ensotanado.

La “guerra” contra el Vaticano no había hecho más que empezar, porque a Manfredo lo excomulgó el siguiente papa, Alejandro IV, que además declaró nula su coronación, y aunque lo que decía y hacía el Vaticano no tenía un valor jurídico, su fuerza sobre las gentes y sus ideas era inmensa.

Luchó contra ellos uniendo al centro y al norte contra el poder blanco. Llegó otro Papa, Urbano IV, e incapaz de vencer mayores matanzas que recuerda la historia. Pedro III, por la potestad que le daba el matrimonio con Constanza de Sicilia, se coronó rey, pero el nuevo Papa –Martin IV– no le dio ningún tipo de tregua y declaró contra él una cruzada y en colaboración con los franceses atacó sus tropas en la zona de Cataluña.

Después la guerra se extendió a otros lugares. Fue un conflicto tremendo y una de las guerras más cruentas de toda la Edad Media. Y es que se estaba disputando el dominio de toda Europa, con lo que eso significaba, que era gobernar sobre el mundo entero, pero para Pedro III lograrlo no era un camino fácil.

Quizá le pudo su ambición, porque no fue capaz de percibir que su reino era una mezcla de reinos y que cada uno tenía sus necesidades y Pedro estaba dejando todas sus riquezas en vencer a los franceses mientras que sus territorios estaban perdiendo mucho poder adquisitivo. Ni para los reyes el dinero es eterno.

Algo logró aplacar los ánimos concediendo a los territorios que al enemigo decidió mostrar su apoyo al francés, a Carlos I de Anjou, hermano del rey Luis IX. Firmó un manifiesto en el que reclamaba poder y mando sobre toda Italia. El odio no se detuvo hasta que las tropas de Carlos I de Anjou acabaron con su vida.

La venganza le tocó al siguiente Papa, Clemente IX, y aunque ganó todos los combates, ya se había producido la unión dinástica y le tocó el turno a Aragón. Pedro III no consiguió el apoyo del Vaticano, pero logró atacar Túnez tras la muerte del emir.

Después se produjo la gran batalla y llegaron las conocidas como Vísperas Sicilianas, durante las cuales los franceses atacaron todo el sur de Italia provocando una de las estaban bajo su dominio unos fueros especiales, especialmente para Cataluña, que se convirtió en un poder dentro del poder, aunque en su reestructuración interna también tuvo que conceder muchos privilegios a los nobles.

Gracias al poder que les dio, esa esfera social no se convirtió en su enemiga. Liberado de los problemas internos, lanzó la ofensiva sobre los franceses, que ya habían avanzado hasta Gerona y otras localidades catalanas, pero sus problemas no habían hecho más que empezar.

Tras las Vísperas Sicilianas –fueron seis semanas cruentas tras las cuales el Reino de Sicilia se dividió en dos: la parte peninsular pasó a ser parte de Nápoles, mientras que la parte insular quedó en manos del Reino de Aragón– las afrentas llegaron desde su propia familia. Tuvo que enfrentarse a su hermano Jaime II, que había decidido no socorrerle en su lucha contra los franceses.

También se enfrentó a Sancho IV, que había sido coronado como rey de Castilla y quiso aprovechar la “debilidad” del rey aragonés para ir contra él. Sin buscarlo, la ambición de unos y otros le granjeó enemigos en cada esquina. En esa guerra estaba cuando siendo todavía joven, enfermó gravemente.

Una afección pulmonar fue la que acabó con su vida en 1285. Sólo tenía 45 años. Con esa edad ya había tenido 6 hijos con Constanza, llamados Alfonso III de Aragón, Jaime II de Aragón, Isabel de Aragón, Federico II de Sicilia, Violante y Pedro de Aragón. Y eso que, como decíamos al principio, los hijos no llegaron pronto porque no quería tener ningún tipo de encuentros con su esposa hasta que ella creciera, aunque igualmente, como hemos dicho, ya había tenido tres hijos con su primera amante, María Nicolau, y tendría otros cuatro con Inés Zapata.

Es decir, un total de 13, 6 reconocidos y 7 no reconocidos. Así eran las cosas entonces… Su muerte fue un “acontecimiento”. Dejó un enorme vacío de poder. Se encargó de su entierro su hijo, Jaime II de Aragón, que se había casado –también en una unión política– con Blanca de Nápoles.

Fue enterrado en el Monasterio de Santes Creus, pero todo eso es consecuencia de algo. No es que significara firmar las paces con Cataluña, pero había logrado apaciguar unos ánimos que se caldearon cuando el rey decidió crear un impuesto que les afectaba especialmente, razón por la cual se levantaron contra él, pero Pedro III los aplastó después gracias a la fuerza de las armas, pero el armisticio con los catalanes fue una tregua que luego se convirtió en alianza para luchar todos juntos contra los franceses apoyados por el Papa.

Otros artículos de:

Añadir nuevo comentario