La batalla de Rocroi, ¿qué pasó con los Tercios? | Historia de Iberia VIeja

Se encuentra usted aquí

La batalla de Rocroi, ¿qué pasó con los Tercios?

Jueves 18 de Enero, 2018
Rocroi se considera la tumba de la infantería española. Los tercios fueron masacrados. O eso dicen. Nuevos estudios dicen que los Tercios se rindieron con condiciones y dignidad ya que los franceses no lograban destruirlos. Además, después de esto los Tercios aún ganaron en el Rhin. Por: Javier García de Gabiola

El nuevo comandante del Ejército de Flandes, el portugués don Francisco de Melo, Marqués de Tordelaguna, diplomático de profesión, estrenaba mando militar, pero se encontraba muy bien asesorado por una excelente plana mayor con la que en 1642 aniquiló a un ejército francés en Honnecourt. Ahora, en 1643, Melo afirmó que planeaba “atraer sobre mí a todos los ejércitos de la Francia para aliviar con ello la situación en Cataluña”, de modo que inició la invasión de Francia desde el este, por el Mosa, para lo que debía tomar la fortaleza de Rocroi que defendía la frontera.

Frente a él, un agonizante Luis XIII se decidió a nombrar en febrero a un jovencísimo Luis II de Borbón, duque de Enghein y futuro Príncipe de Condé, con tan sólo 21 años, como general. La apuesta, apoyada por el propio nuevo primer ministro, el Cardinal Mazarino, era muy arriesgada y se concibió como una maniobra para lograr el apoyo al nuevo gobierno por parte de la poderosa casa de Condé. No obstante, a semejanza de Melo, el joven sería asesorado por mandos veteranos, y especialmente por François de L´Hopital, seigneur du Hallier.

Según la leyenda, Luis XIII poco antes de morir habría soñado que el joven Condé derrotaría a los españoles, dato indicativo de las maniobras de los diferentes cronistas para presentar el reinado de Luis XIV de forma un tanto mesiánica, coincidiendo prácticamente su advenimiento con la supuesta mayor derrota de los tercios hasta la fecha, desvirtuando, como veremos, la realidad de la batalla.

 

DUDOSOS DESPLIEGUES

Melo llegó a Rocroi el 16 de mayo para atacarla, pero no bloqueó un desfiladero al sur por donde llegó Condé ese mismo día en socorro de la plaza. La única reacción de Melo fue desplegar su ejército para impedir el avance francés. El responsable del despliegue español fue el Maestre de Campo Conde de Fontaine, que la historiografía belga y francesa ha consagrado como el héroe de la jornada, pero que, según los testimonios de los contemporáneos, fue el principal causante de la derrota.

De hecho, Melo, en sus memorias diría que “el haber llevado con él al Conde de Fontaine fue una de las causas de su desdicha”. El lorenés Fontaine era un viejo comandante que había ostentado algunos mandos secundarios hasta la fecha, pero, a los 67 años y tras 50 de servicio, mostraba los primeros síntomas de senilidad. Enfermo de gota y llevado a hombros en una silla de manos, Fontaine desplegó a los españoles mirando al sur, apoyando su flanco oeste en un estanque y el este en un bosquecillo al pie de una colina con dos alas de caballería de 28-30 escuadrones bajo Isemburg a la derecha, y Alburquerque a la izquierda. Sin embargo, parece que Fontaine calculó mal el espacio entre el estanque y el bosque y la infantería española tuvo que ubicarse en el centro sin formar correctamente, contrahecha y sin poder moverse. Enfrente, el ejército francés parece que contaba con más espacio para desplegarse al desaparecer probablemente el bosquecillo que cubría el flanco izquierdo español.

Condé también desplegó sus 28 escuadrones de caballería en los flancos, a dos líneas cada uno. Al oeste quedó La Ferté-Senneterre, y al este Gassion, ambos apoyados por mosqueteros. En el centro estaría la infantería de D´Espenan en dos líneas de ocho y siete batallones, apoyada por una reserva de tres de Sirot. Sin embargo, la posición del propio Condé es dudosa, y este dato es vital para entender el desenlace de la batalla. La Moussaie, forjador de la leyenda del Príncipe, nos dice de forma algo tardía, en 1673, que Condé estaba con Gassion en el ala derecha, el lugar donde se fraguó la victoria. Sin embargo, autores como Gualdo Priorato (1648) o Montglat (1727), afirman que estaba con La Ferté en la izquierda, ala que fue derrotada, dato que parecen confirmar indirectamente Ormesson (1643), cuando recoge los rumores existentes en Paris de que Condé habría huido. Otro dato relevante es que L´Hopital, el asesor militar del veinteañero Condé estaba en el ala izquierda, y parece poco probable que Condé luchara sin su asesoramiento. Por otro lado, Sirot, participante en la batalla, en sus memorias sitúa a Condé en el centro, con la infantería.

 

LA LUCHA EN EL FLANCO ESTE

La noche del 17 al 18 la pasaron ambos ejércitos durmiendo en sus posiciones, cuando un desertor español de origen francés se presentó ante Condé avisándole de la inminente llegada de Beck con refuerzos españoles, lo que obligó al Príncipe a atacar. A las 4 de la mañana, informados también de la existencia de 500 mosqueteros que Mercader había emboscado en el bosquecillo, Gassion logró desalojarlos antes de que actuaran. Después, según la versión tradicional francesa, Gassion con la primera línea de jinetes rodeó el bosquecillo por el este para, tapados por una colina, caer por sorpresa sobre el flanco y la espalda de la caballería flamenca de Alburquerque, que a la vez era cargada frontalmente por la segunda línea de Condé, de modo que fue aniquilada, huyendo el español durante 32 kms. Esta versión es totalmente inexacta.

Según algunos autores contemporáneos, Condé ni siquiera estuvo en esta ala. Por otro lado, Alburquerque afirma que salió al encuentro de la caballería francesa, y que a pesar de no tener el apoyo de la infantería, que inexplicablemente se quedó atrás, la rechazó dos veces (dato que confirma Gualdo Priorato) hasta llegar a los cañones galos, capturándolos (confirmado por Vincart, que añade además que destrozó dos cuadros de piqueros suizos). Esta versión de los españoles tomando la artillería francesa queda acreditada por la hoja de servicios del capitán Barrionuevo, que recoge que fue premiado por tomar la artillería francesa en Rocroi, documento hallado por Sánchez Martín, y por una carta privada del Vizconde de Montbas que reconoce que los franceses perdieron al menos un cañón.

Después Alburquerque afirmó que “el retén del enemigo se fue deshilando a ganarnos la retaguardia, y ganada, nos embistió por todas partes y puso a nuestra gente en derrota”. Quizás esto es como lo vio el español en la confusión de la batalla, y podría encajar con la versión gala del envolvimiento por sorpresa al rodear el bosquecillo. Según Vincart, además Alburquerque logró recomponer su línea y rechazó de nuevo a Gassion, siendo sólo derrotado cuando la reserva francesa de infantería avanzó en apoyo de los jinetes galos. Sirot, que mandaba dicha reserva, afirma que él no acudió en ayuda de este flanco sino del otro, de modo que probablemente lo que Vincart interpretó como reserva se refería a la segunda línea de infantería francesa, quizá mandada por Condé, a quien Sirot sí cita. En todo caso, Alburquerque se refugió en un cuadro de piqueros y siguió luchando, no siendo por tanto verdad la versión sobre su huida.

 

EL OESTE Y EL CENTRO

Simultáneamente, en el ala izquierda francesa La Ferté cargó contra Isemburg, pero el galo se lanzó al galope desde demasiado lejos, de modo que llegó desfondando. Isemburg, en una contracarga los destrozó. La Ferté huyó y buscó refugio en la reserva de Sirot, contagiando el pánico en toda la línea francesa. Allí, Sirot bramaría que “la batalla no está perdida porque Sirot aún no ha luchado” y empezó a reagrupar a todos los fugitivos franceses. Mientras los alsacianos de Isemburg consideraron la batalla ganada, arrojaron los sombreros al aire y se dispersaron para saquear a los muertos y al campamento francés. Entonces, desde el otro flanco, los jinetes franceses, eliminada el ala de Alburquerque, atacaron a dos de los cuadros de la infantería española, bajo Villaba y Velandia, que aguantaron. Aquí, según Vincart, falleció el viejo Fontaine de forma heroica, en su silla de manos entre los piqueros.

En este momento llegamos al punto clave de la batalla y que curiosamente no ha sido explicado bien por los diferentes autores: ¿qué hacía inmóvil todo el centro español formado por la irreductible infantería de los tercios? ¿Por qué no avanzaba contra la infantería francesa y apoyaba a sus jinetes?

Vincart afirma que se debía a la muerte de Fontaine, pero más probablemente la inacción era producida por la extraña formación de combate planteada por el fallecido, con varias filas mirando a los flancos y sin espacio para desplegarse del todo. Con los tercios inmóviles los franceses pudieron reorganizar sus fuerzas y atacar de forma aislada a cada uno de los componentes del ejército de Melo. Según La Moussaye, Gassion, venido del flanco tras acabar con Alburquerque, cayó de costado contra los valones y alemanes, que estaban a la izquierda y retaguardia españolas, destrozándolos. Las versiones españolas hacen constante mención a que los jinetes galos iban acompañados de infantería, y como no es creíble que 1-2.000 jinetes franceses pudieran con 9.000 infantes, es muy probable que el centro de D´Espenan siguiera a Gassion y le apoyara en su ataque.

Sirot, que afirma en sus memorias que Condé estaba en el centro con la infantería,también nos dice que fueron Gassion y Condé los que acabaron con los alemanes y valones, de modo que es probable que Condé lo hiciera con la infantería del centro y no con la caballería, marchando en apoyo de Gassion.

Según la versión oficial francesa, ahora Condé con la segunda línea de jinetes cruzó el campo de batalla de este a oeste y cayó sobre los dispersos jinetes de Isenburg por la espalda, en el otro flanco, a la vez que La Ferté, apoyado por la reserva de Sirot, les atacaba de frente. Sin embargo, del relato de Sirot no se desprende que Condé interviniera en este fl anco, sino que fue el mismo Sirot en solitario quien reagrupó a todos los fugitivos con su reserva, y con ellos contratacó y expulsó finalmente a la caballería de Isemburg, testimonio en el que creemos por venir de un participante en la batalla, lo que ubicaría definitivamente a Condé en el centro.

 

¿LOS TERCIOS NO SE RINDEN?

Ahora todo el ejército español estaba disperso, y sólo quedaban los cinco cuadros de piqueros españoles aislados en primera línea de batalla, apoyados a su derecha por otros tres cuadros italianos. Allí se había refugiado Melo tras la debacle, dando la orden de retirada, de modo que los italianos se replegaron en orden, dejando sola a la vanguardia española. Todos los dispersos se agruparon y se aglutinaron para formar un sólo cuadro de gran tamaño, según La Moussaye. El cuadro se abrió y permitió una descarga a bocajarro de los 18 cañones españoles que destrozaron a los franceses, volviendo luego a cerrarse. Si hubiera quedado caballería en el campo de batalla para apoyar a los tercios supervivientes, según La Moussaye el ejército francés hubiera sido aniquilado. Sin embargo, Condé, no perseguido, pudo reagrupar a los suyos y volver a atacar a vida o muerte. Así, lanzó hasta tres asaltos, siendo todos rechazados. En ese momento llegó la reserva al mando de Sirot con la caballería francesa recuperada del ala izquierda.

Con esas tropas Condé pudo rodear ahora totalmente al cuadro español y volver a atacarlo. Aquí Sirot nos da una versión ligeramente distinta cuando afirma que a su llegada él convenció a Condé para que se retirara y dio la carga final que rompió definitivamente el cuadro español.

En cambio, La Moussaye dice que los españoles agitaron los sombreros para pedir rendirse, pero cuando Condé se acercó fue recibido a tiros, de modo que furioso, todo el ejército francés cargó por los cuatro costados matando a todos los españoles sin hacer prisioneros. Condé intentaría detenerles y los oficiales españoles se agarraron a él, no pudiendo impedir gran parte de la masacre, escena de la cual incluso existe un cuadro romántico de Heim. A decir de los galos allí estaba Fontaine en su litera dirigiendo la defensa y encontrando la muerte, pero ya hemos visto cómo éste murió al inicio de la batalla.

Todas estas escenas pertenecen a la leyenda de Rocroi y no a la realidad. Según fuentes españolas contemporáneas (Novoa y Orejón), los españoles se agruparon no en uno sino en dos cuadros. Habiendo muerto en combate Velandia y Villalba, sus tercios (el segundo apodado “el de la Sangre” por su elevado número de bajas) se aglutinaron con los de Garciez y Alburquerque (este mandado por Peralta). Contra Garciez los franceses llegaron incluso a colocar la artillería para destruir el cuadro, pero ni por esas éste cedió. Condé, urgido por la inminente llegada de Beck con 4.000 españoles de refuerzo, ofreció a Garciez rendirse pero manteniendo todas sus armas y cruzando toda Francia a pie hasta llegar a España, trato que éste aceptó. El segundo cuadro bajo Peralta, ya único superviviente del Ejército español, también aguantó los ataques pero aislado y rodeado de enemigos al final aceptó rendirse, pero esta vez sin armas y como prisioneros. Ambas rendiciones son confirmadas por el hallazgo de Sánchez Martin de los testimonios del padre González y Pellicer que recogen la llegada a Fuenterrabía desde Francia de 2.500 españoles derrotados en Rocroi, y la existencia en 1644 de 1.500 soldados todavía prisioneros bajo Mercader. Dichas rendiciones también son confirmadas por Gualdo Priorato indirectamente y por franceses contemporáneos como Monglat.

Dice la leyenda que cuando Condé preguntó a un prisionero español sobre cuántos soldados eran antes de la batalla, éste le respondió: “contad los muertos”. Sin embargo la realidad es que los muertos fueron parejos, marcando las diferencias únicamente el número de prisioneros. De hecho, España pudo desviar parte de su ejército al Rhin para obtener una victoria aplastante en Tuttlingen ese mismo año sobre los franceses. Al final, la batalla de Rocroi, reducida a sus justos términos, fue una disputada derrota española, magnificada por París para ensalzar el comienzo de una nueva era con el reinado de Luis XIV, evaluación que comparten Sánchez Martin, Albi de la Cuesta, Stradling y Parrot, entre otros.

Otros artículos de:

Añadir nuevo comentario