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Las batallas del Bruc: la primera derrota de Napoleón en España

Viernes 26 de Mayo, 2017
La Batalla del Bruc fue la primera derrota del ejército napoleónico en su ocupación. Esta batalla aúna hermandad, patriotismo y una leyenda impresionante que permitieron el levantamiento del todo el pueblo español contra sus represores.
Niño tamborilero del Bruc

La anexión francesa de Cataluña

El día 9 de febrero de 1808, el general francés Guillaume Philibert Duhesme cruzó la frontera en dirección a Barcelona, lugar en el cual habría de instalarse para gobernar toda la región de Cataluña que, por decreto del propio Napoleón, había quedado incorporada al Imperio francés.

Esta “anexión” de Cataluña se había realizado como parte de la firma del Tratado de Fontainebleau entre España –a través de la figura de Manuel Godoy– y Francia, mediante el cual se acordaba que tropas francesas entrasen y se acuartelaran en España para una posterior invasión de Portugal. El nuevo control francés supuso una fuerte crisis económica en toda la región debida, en gran parte, a la interrupción del comercio con América. Esta situación, unida al resquemor que persistía en muchos catalanes debido a la llamada “Guerra grande”, ocurrida entre 1793 y 1795, contra los franceses y que había sido especialmente dura en Cataluña, hizo que los galos no fueran muy bien vistos.

En este clima incómodo que suponía la presencia militar extranjera, comenzaron a llegar las noticias de los hechos ocurridos en Madrid el 2 de mayo, lo cual avivó aún s las llamas del odio de los catalanes hacia los invasores. Ante esa tesitura, el general francés Duhesme publicó un bando en el que advertía de que cualquier población, por pequeña que fuera, que se atreviese a levantarse contra Francia, sería despojada de sus privilegios y desarmada. Llegaba hasta el punto de señalar que si “se derramara sangre francesa, será quemado”.

 

El motín

Al tiempo que se lanzaba esta advertencia, se ordenaba que todos los municipios entregasen todo el papel sellado, es decir, todo papel oficial utilizado para la redacción de documentos públicos. Este detalle iba a provocar un verdadero motín en el municipio de Manresa, que acabaría en la confrontación armada en los terrenos del Bruc y haría ver a los franceses que lo que les esperaba en España no iba a ser, ni mucho menos, un paseo militar.

El 2 de junio comenzaron a llegar a Manresa los fardos que contenían el nuevo papel oficial y se procedió a su reparto por las diferentes oficinas públicas. Sin embargo, las gentes del municipio no permitieron que se llevase a cabo la operación y, una vez requisado todo este nuevo papel sellado, se formó con ellos una gran hoguera en la plaza del mercado. Ese acto espontáneo alcanzó su cénit cuando se abrió el balcón del ayuntamiento y una comitiva encabezada por el alcalde y el obispo de la Seo –todos portando una cinta en el sombrero con los colores de España–, gritaron a favor tanto de Fernando VII como de la religión y la patria.

En vista de ese ardor patriótico que demostraron los habitantes de Manresa, y espoleado por los aún recientes hechos de 2 de mayo, el gobernador dictó un bando que sentaba las bases para un alzamiento contra las tropas de Napoleón. En esta declaración se recogía:

“Deseoso de que las ideas manifestadas por el pueblo en el día de hoy, que son las de sostener sus derechos fundados en las leyes con que felizmente ha vivido bajo la dominación de sus legítimos soberanos, he proveído: que retirándose todos los vecinos que con este motivo han manifestado tan dignos sentimientos, se tranquilicen y esperen, que ya se irán dictando cuantas providencias sean necesarias”.

Con dichas palabras, el gobernador dejaba bien a las claras su apoyo a sus paisanos y, en el mismo bando, declaraba su visto bueno a la formación de milicias para combatir a los franceses. Después de esta declaración, se acordó la creación de la Junta Provisional de Gobierno, que quedó constituida en la noche del 2 de junio de 1808. La Junta quedó formada por el mismísimo gobernador, miembros del ayuntamiento y representantes de los distintos gremios de la ciudad. Restaba tan solo armar al pueblo y prepararlo para la inminente respuesta que iban a recibir por parte de un ejército francés que no iba a tolerar el acto del papel sellado.

 

¿Leyenda? ¡No!

Y así llegamos al mito de la primera gran derrota de los ejércitos napoleónicos durante su ocupación en España. En la población catalana de El Bruc se alza una escultura de piedra que representa al protagonista esta fantástica leyenda de nuestra historia. En esa escultura se ve la figura de un joven portando un tambor que refleja el sentimiento de patriotismo español que surgió en Cataluña durante la invasión napoleónica.

Este tamborilero, usando como única herramienta ese instrumento de percusión, hizo retroceder a las tropas napoleónicas que intentaban entrar en Manresa. La orografía el terreno hizo que el ruido del tambor se multiplicase, haciendo creer a los franceses que una gran fuerza se aproximaba para presentarles combate y propició que, preso del pánico, el invencible ejército de Napoleón iniciase la retirada. Fue su primera derrota en España. Ese pequeño gesto fue el impulso mental que tuvo el resto de la población española para alzarse en armas contra el invasor. De tal modo, la historia del tambor del Bruc está dotada de un aura de leyenda que sirvió en su día para magnificar la victoria lograda por el pueblo de esta zona de Cataluña ante un invasor mucho mejor preparado militarmente.

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