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Guy Fawkes: el inspirador de “V de Vendetta” fue un tercio español

Martes 19 de Junio, 2018
Los tercios imperiales que combatieron en Flandes se nutrieron ocasionalmente de voluntarios británicos, exiliados y fieles al catolicismo. Uno de esos soldados fue el célebre conspirador Guy Fawkes, quien llegó a visitar la Península Ibérica con la intención de negociar un acuerdo para invadir Inglaterra.

Según cuentan las crónicas de la época, el 30 de enero de 1606, la capital de Inglaterra tiritaba de frío. Sin embargo, las bajas temperaturas no impidieron que la muchedumbre se arremolinara expectante en el lado oeste del cementerio de Saint Paul. Habían pagado rigurosamente su entrada para asistir a un espectáculo siniestro.

Frente al gentío se alzaba un gran cadalso con el propósito de impartir la más severa de las justicias y, sobre él, un fornido verdugo permanecía a la espera. Poco a poco, comenzaron a llegar los penados, dando tumbos por el pavimento, arrastrados cada uno de ellos por un caballo corriendo al galope desde la Torre de Londres ubicada a una milla de distancia. Alrededor del cuello de esos cuerpos magullados y rotos de dolor, el verdugo apretó una soga con intención de completar el castigo.

Todos asistían al ritual de costumbre, que no había hecho más que empezar, puesto que, una vez colgados, el hábil verdugo dejaba balancear a la víctima apenas unos instantes para, inmediatamente después, cortar la cuerda y prolongar cruelmente su agonía. Nada más desplomarse los cuerpos aún con vida, el público rompía el respetuoso silencio y lo sustituía por un estruendo vociferante de lo más ensordecedor.

Luego, el griterío iba en aumento conforme el verdugo alargaba aquella ceremonia del horror castrando y destripando con extremo cuidado a los penados hasta, finalmente, lanzar sus entrañas contra las llamas de una magnífica hoguera.


Aquella fría mañana londinense, por las manos de este diligente ejecutor, pasaron ocho presos, perpetradores de una de las conspiraciones políticas más famosas de la historia: el denominado Complot de la Pólvora, que intentó hacer saltar en mil pedazos el Parlamento británico con el monarca Jacobo I y toda la aristocracia protestante dentro.

 

 

El atentado fracasó a última hora, durante la medianoche del 5 de noviembre de 1605, cuando fueron descubiertos 20 barriles de pólvora bajo los sótanos de la cámara de los Lores. Alertadas las autoridades, se sucedieron las confesiones y los principales responsables terminaron detenidos, torturados, juzgados y condenados a muerte.

El 30 de enero siguiente, se procedió a cumplir la sentencia con la brutalidad milimétrica que hemos visto, aunque semejante ejecución pública no consiguió sepultar por completo el recuerdo de aquella afrenta. Lo que la historia negó a los culpables, se lo otorgó la leyenda, en especial para uno de los penados, el célebre Guy Fawkes, icono moderno de los movimientos antisistema e inspirador de una exitosa novela gráfica así como de la taquillera película V de Vendetta.

Pero si la figura de este católico inglés ha encontrado una segunda vida en la contracultura del siglo XXI, algunos episodios de su biografía resultan menos conocidos. Entre ellos, por ejemplo, su relación con España y, más en concreto, con el ejército del rey desplegado en los Países Bajos. Y es que aquella mañana londinense de 1606 no solo fue ajusticiado un rebelde apellidado Fawkes sino un tercio de Flandes con tantos años de servicio militar a sus espaldas que llegó a castellanizar su nombre hasta convertirlo en Guido.

NACIMIENTO Y EDUCACIÓN
Corrían malos tiempos para los católicos ingleses. Hacía dos décadas que la reina Isabel les había recortado sus principales libertades hasta hacer de estos creyentes un grupo semiclandestino. La lista de prohibiciones era amplia: no podían asistir a misa, no podían alejarse más de cinco millas de sus respectivos domicilios, no podían desempeñar cargos públicos, ni ejercer las profesiones más importantes, tampoco se les permitía educar a sus hijos en el catolicismo ni, por supuesto, ordenar nuevos sacerdotes bajo pena de muerte.

El objetivo de tales medidas resultaba obvio: extinguir la fe católica de Gran Bretaña en apenas una generación. Con ello, la monarquía eliminaba a esos incómodos súbditos del papa que parecían ser más fieles y devotos a la autoridad de Roma que a la de Londres.

Sin embargo, las cosas cambiaron muy pronto para Guy. A la edad de ocho años su padre murió y dos o tres años después, su madre contrajo nuevo matrimonio, en esta ocasión con el también recusante Denis Brainbridge. De este modo, el joven Fawkes quedó instalado en el círculo procatólico de Yorkshire, influencia religiosa que se acentuó todavía más al ingresar en la escuela St. Peters de York.

 

 

El anterior director de este centro educativo había pasado 20 años en prisión por recusante y aunque al sucesor en el cargo, John Pulleine, le apodaban “el protestante”, toda su estirpe era notoriamente conocida en Yorkshire por ser recusante también. Así pues, la familia y el aula colmaron de catolicismo al espíritu de Guy Fawkes. Un primo, Richard Cowling, llegó a ser jesuita y entre sus mejores amigos y compañeros de pupitre estuvieron Christopher y John Wright –acusados también de complicidad en la Conspiración de la Pólvora– y Oswald Tesimond, Edward Oldcorne y Robert Middleton, un trío que, ya de adultos, consagraron sus vidas al sacerdocio católico.

A partir de estos datos biográficos genéricos, existen dos asuntos oscuros en la trayectoria de Guy. Por un lado, parece que estuvo al servicio del primer vizconde Montague en Cowdray (Sussex). Un hogar que esta noble familia apodaba “la pequeña Roma” por su evidente inclinación católica. Posiblemente, dentro de semejante entorno, Fawkes entró en contacto con las redes militares clandestinas afines al catolicismo, las cuales el vizconde acostumbraba a respaldar.

 

 

El segundo episodio no confirmado, relativo a esos años, postula que Guy se casó con María Pulleine y tuvo un hijo en 1591 al que llamaron Thomas. Sin embargo, ninguna fuente contemporánea menciona este matrimonio. En consecuencia, si el enlace tuvo lugar, debió de concluir súbitamente con el fallecimiento de la madre y el hijo. Así lo razona y especula la historiadora Antonia Fraser, puesto que ve en Fawkes a un tipo con la personalidad característica de un monje-soldado ejemplar, “con una misión que no incluía familia ni hijos”. 

AL SERVICIO DEL IMPERIO ESPAÑOL
Tras este periplo vital en Inglaterra, Fawkes dio el salto a los Países Bajos durante la última década del siglo XVI para ingresar en los tercios del rey de España. Inteligente, valiente, aguerrido, con largos cabellos rizados de color marrón rojizo, un poblado mostacho y barba igualmente abundante de idéntico tono que el pelo, así lo describía su amigo íntimo el jesuita Tesimond, quien hizo una narración posterior en italiano del Complot de la Pólvora.

En ella afirmaba que Fawkes disfrutó durante la milicia “de una considerable fama entre los soldados” y estaba dotado “de gran piedad, un tipo de vida ejemplar, temperamento moderado y alegre, enemigo de riñas y disputas, amigo fiel y puntual cumplidor en su observancia religiosa”, algo poco frecuente entre la soldadesca instalada en primera línea de combate.

Guy participó en la toma de Calais de 1596 y enseguida alcanzó el rango de alférez e, incluso, hacia el verano de 1603, su superior Sir William Stanley lo recomendó para una capitanía. En el frente holandés, Fawkes encontró a otros ardientes católicos británicos quienes, como él, habían adoptado por principal patria dicha religión. 

El propio William Stanley constituía uno de ellos: se mantuvo leal a la reina Isabel de Inglaterra mientras dirigió la lucha contra los irlandeses en 1569. Después, continuó sirviendo la causa anglicana en los Países Bajos hasta 1589, momento en el que siendo gobernador de la plaza de Deventer, rindió voluntariamente el enclave a las tropas españolas, anunció su auténtica fe católica, se le mantuvo al mando de la ciudad y sus hombres quedaron distribuidos en tres compañías.

 

 

Los alistamientos de Fawkes y Stanley en los tercios no supusieron ninguna anécdota aislada. Muchos fueron los voluntarios británicos que prestaron servicio al Imperio español hasta alcanzar cifras nada despreciables en algunos momentos de la contienda contra los protestantes. Los tercios británicos del ejército desplazado a Flandes llegaron a dividirse, bien entrado el siglo XVII, conforme a las respectivas naciones irlandesa, escocesa e inglesa, vistiendo cada cual su propia uniformidad distintiva. En 1690, estos tres cuerpos de ejército contabilizaban nueve compañías con 59 oficiales, 11 reformadores y 103 soldados.

EL VIAJE DE FAWKES A CASTILLA
En julio de 1603, Guy Fawkes marchó desde Flandes a España junto con Anthony Dutton, quien expresamente había venido desde Inglaterra para sumarse al viaje. Ambos abrigaban la esperanza de convencer al rey de España de la necesidad de actuar directamente en Inglaterra. Por la documentación conservada en los archivos españoles relativa a ese encuentro sabemos que Fawkes y Dutton informaron en Valladolid de que los católicos ingleses estaban impacientes y listos para rebelarse. Es más, lo consideraban un éxito plenamente garantizado y fulminante: “Con trabajo, velocidad, discreción y buen tiempo” bastarían “seis días” para tener listo todo el operativo.

El memorándum conservado de este encuentro revela a un Fawkes poseedor de una aguda visión geoestratégica y perfecto conocedor de los hilos que debía mover para atraer el favor de Felipe III. No en vano y en primer lugar, demonizó la imagen del monarca Jacobo I. Su reciente advenimiento al trono de Inglaterra unos meses atrás había suscitado numerosas esperanzas de cambio en el trato hacia los católicos británicos.

Fawkes y Dutton quisieron diluir cualquier pizca de optimismo al respecto, describiendo al nuevo rey como un “hereje” que en “un corto período de tiempo expulsaría de Inglaterra a la secta Papista” como él la llamaba, porque “muchos le habían oído decir en la mesa que el Papa era el Anticristo y que se lo demostraría a cualquiera que pensara lo contrario”. A juicio de Fawkes, la verdadera intención de Jacobo consistía en incrementar su patrimonio económico a costa de las propiedades de los católicos y, una vez enriquecido y con todo ese poder en sus manos, coaligarse con los protestantes “para librar una guerra contra los demás príncipes cristianos”.

En segundo lugar, Fawkes advirtió de la existencia de una animadversión latente y generalizada que podía jugar a favor de la intervención española:

“Hay una natural hostilidad entre los ingleses y los escoceses. Siempre ha sido así, y en el presente se ha incrementado. Incluso aunque solamente hubiera una sola religión en Inglaterra, no sería posible una reconciliación entre estas dos naciones, tal como están, por mucho tiempo”.

Jacobo I acababa de sentarse en el trono de Inglaterra e Irlanda, pero llevaba varias décadas portando la corona de Escocia. De hecho, el nuevo rey había desembarcado en Londres con un séquito de servidores y cortesanos escoceses de su confianza de los que recelaban las familias nobles inglesas, la cuales, a su vez, sentían que habían perdido influencia política en la corte.

En consecuencia, Fawkes recomendó que España sacara provecho de esa tensión entre diferentes pueblos de la corona británica. El bando destinado a derrocar al rey podría engrosar sus filas no solamente con los católicos contrarios al anglicanismo sino también con otros sectores sociales y políticos descontentos por la deriva escocesa de la monarquía.

 

 

Sin embargo, la propuesta de Fawkes resultaba en el fondo poco realista. Casi a la vez que él entablaba negociaciones en la Península, los más destacados católicos de las Islas Británicas estaban mostrando su lealtad sin fisuras a la corona inglesa. Y no solo eso, también denunciaron ciertos complots en marcha contra Jacobo, quien les recompensó por dicha delación y afirmó que cumpliría una promesa de tolerancia hacia los católicos rubricada en Escocia.

Por otro lado, en el tablero internacional, España e Inglaterra estaban negociando una paz bilateral que, entre otros asuntos, incluía también ciertos compromisos sobre el trato que se debía dispensar a los católicos británicos. Este acuerdo era visto además con buenos ojos por Roma, donde el papa entendía que una guerra solamente serviría para legitimar el aniquilamiento sin contemplaciones del catolicismo inglés por parte de las autoridades británicas.

En definitiva, Guy Fawkes regresó a Inglaterra llevando en el bolsillo una respuesta condescendiente y ambigua de la corona española que, finalmente, quedó en nada en cuanto Felipe III firmó la paz de 1604 con Jacobo I en el denominado tratado de Londres. A partir de ahí, los hechos resultan más conocidos y desembocaron en el Complot de la Pólvora. El rey de Inglaterra mantuvo la represión religiosa hasta el punto de que la situación para los católicos alcanzó cotas desesperantes.

En consecuencia, varios recusantes británicos se reunieron secretamente un domingo 20 de mayo de 1604 en la posada londinense Duck and Drake para preparar el atentado. Allí estaban Sir Robert Catesby, Thomas Winter, John Wright, Thomas Percy y Guido Fawkes. Al propio Fawkes se le encomendó detonar el explosivo bajo los sótanos del Parlamento, pero fue arrestado en ese mismo subsuelo portando una linterna, un reloj de bolsillo, varias mechas y yesca, horas antes de que se celebrara la sesión plenaria.

Aunque el sótano de las Cámara de los Lores desapareció tras el último gran incendio del edificio, hoy día la guardia regia examina hasta el más recóndito rincón la víspera de la apertura de cada año parlamentario.

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