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Juicio a Fernando VII

Miércoles, 5 Septiembre, 2018 - 11:23
Es el rey más querido y odiado de la historia de España y todavía genera muchos debates. Ahora, por fin, el rey Fernando VII será sometido a juicio, el juicio de la historia.
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A Favor: Abolición de la Inquisición

La Inquisición Española fue suprimida en 1808 por Napoleón Bonaparte, mediante los Decretos de Chamartín, pero en 1814, cuando Fernando VII recuperó el trono, mandó restaurarla, quitándose de encima todos los acuerdos de las Cortes, afines a la España afrancesada. Posteriormente, y obligado por el triunfo del pronunciamiento de Riego, mandó abolirla durante el Trienio Liberal.

Pero durante la Década Ominosa, ya de vuelta al absolutismo, no quiso restaurarla. Liberaron a los presos que la Inquisición mantenía en sus lúgubres mazmorras, la mayoría por sus ideas políticas, pues en los últimos años la Inquisición Española había derivado en una herramienta de purga política, y acabaron así con años de oscurantismo. Los bienes del Santo Oficio fueron expropiados por la Corona y destinados al pago de la deuda pública.

La decisión fue aplaudida hasta por el Cardenal Giustiniani. Pero Fernando VII no daba puntada sin hilo, y detrás de esta decisión, había dos motivos de peso.

El primero de ellos, se debió a la presión de las potencias de la Santa Alianza, la misma que le había “rescatado” del Trienio Liberal, que no veía con buenos ojos el restablecimiento de una institución tan arcaica, un trasto viejo que levantaba gran rechazo entre la opinión pública.

El segundo motivo respondía al hecho de que a Fernando VII ya no le convenía emparentarse con el sector ultraabsolutista que había surgido durante el Trienio Liberal, siendo la inquisición uno de sus principales lemas: “Viva la Inquisición y el rey absoluto”. Al contrario, el regente quería ahora rodearse de liberales moderados y acercarse más a su enemigo, manteniendo el dicho de “Mantén a tus amigos cerca, y a tus enemigos, mucho más cerca”.

Por otro lado, como había creado la policía, ya no le hacía falta esa herramienta para perseguir los brotes de sedición. Sin embargo, se crearon las llamadas Juntas de Fe, que seguirían operando como una inquisición encubierta, y que se arrogarían el triste honor de ejecutar al último condenado por hereje de la historia, el maestro de escuela Cayetano Ripoll, acusado de enseñar principios deístas. Fue ejecutado por garrote vil en 1825, provocando el escándalo de toda Europa.

Por lo tanto, la abolición del Santo Oficio fue un gran paso, sí, pero dado con poca valentía y transparencia. No fue hasta su muerte cuando su viuda María Cristina de Borbón (madre de Isabel II, entonces menor de edad), la abolió de forma definitiva.