Nuestra señora de la mancebía | Historia de Iberia VIeja

Se encuentra usted aquí

Nuestra señora de la mancebía

Jueves 02 de Agosto, 2018
La imagen de una virgen robada. Un reclamo publicitario. Un burdel. Un fraile. Estos son los protagonistas de un increíble relato que despertó el escándalo en el Madrid del Siglo de Oro. Javier Martín

Hay ciertas disensiones entre quién fue el santo hombre que posó la vista sobre la imagen que va a protagonizar las líneas que siguen y que, como era lógico habida cuenta la devoción que profesaba, sintió alborotado su ánimo hasta el desconsuelo.

Se le ha querido dar entidad al nombre en cuestión y mucho se repiten los de Bernardino de Obregón, hombre pío y de confianza de Felipe II, y que fundó la Mínima Congregación de los Hermanos Enfermeros Pobres, y el de Simón de Rojas, santo para más señas y fallecido en Madrid en 1624. Como esta historia que contamos tiene mucho de murmuración histórica es muy posible que ninguno de los dos sean en realidad los “héroes” del relato.

Así que baste tomar a un religioso que pasea por el centro del Madrid del Siglo de Oro. En cierto momento, en uno de los muchos y mohosos edificios que jalonan las calles centrales de la ciudad la excentricidad de una pequeña figura móvil le llama la atención. Se trataba de una hermosa talla de madera, pequeña, capaz de tocar el violín y que se situaba en un balcón del edificio en cuestión.

Resultaba que este era uno de los prostíbulos más populares de Madrid, el conocido como Las Soleras. Tiempo antes había sido el lugar de divertimento preferido del infante Don Carlos, hijo “maldito” de Felipe II y asiduo a todo tipo de lances carnales y pendencias provocadoras. Las Soleras, en tiempo de Don Carlos, se situaba en un pequeño callejón, en las inmediaciones de la Plaza del Sol, denominado –no sabemos si por los titubeos que simulaban los clientes antes de acceder a él– de Las Dudas.

Justo a su lado se encontraba el Convento de San Felipe el Real, de agustinos calzados, y uno de los más populares de Madrid desde su fundación en la primera mitad del siglo XVI. Populares unos y otros, lo cierto es que monjes y clientes alborotados no eran los mejores vecinos. Y como era de esperar, la presión de los agustinos acabó por obligar a trasladar la mancebía. Muy cerca, en realidad, pero no adyacente a San Felipe. El lugar, en las inmediaciones de lo que hoy es la calle del Carmen, cerca, muy cerca, de la actual Plaza de Callao.

Así que volvemos al inicio de nuestro relato. Ponemos los ojos de nuevo ante el fraile que observa ojiplático esa fi gura melódica que tiene un no sé qué que le resulta familiar. Y de tanto examinar la imagen, recuerda, con escándalo supino, dónde la había visto antes. Sin duda que se santiguaría unas cuantas veces ante tal descaro. La imagen en cuestión era en origen la talla de una Virgen que procedía de una ermita de Toledo, de donde había sido sustraída años atrás.

Los propietarios del burdel, una vez que se hubieron hecho con ella, la despojaron de los ropajes religiosos que la cubrían y amputaron sus brazos para hacer uso de ella como marioneta. Después, la uniformaron siguiendo el modelo con el que se equipaban las prostitutas de la época y colocaron a un hombre enano detrás de la fi gura, que simulaba que sus manos eran los de la imagen y, con ellas, tocaba el violín e intentaba atraer con tal música a los clientes. El fraile se acercó a dialogar con los dueños de la mancebía y les expuso su disconformidad con el uso blasfemo de la imagen.

Aún más, tal era su interés para conseguir que aquella virgen toledana retomase a su piadosa labor, que se ofreció a comprarla. Pero parece ser que en aquel lupanar del más sórdido Madrid estaban muy satisfechos con la labor publicitaria que la figura aportaba y su capacidad para atraer clientes. Así que la respuesta ante tal petición fue absolutamente negativa. La imagen se quedaba ahí, tocando el violín y reclamando la atención de los muchos visitantes o interesados en visitar el burdel.

Así que el devoto religioso no tuvo más remedio que pedir amparo a la Inquisición para salvar a esa antigua imagen de la ermita de la dolosa labor publicitaria Los dueños del burdel fueron apresados y duramente castigados. La imagen fue rescatada y el edificio destruido. Y allí donde se encontraba se levantó la que hoy es una de las iglesias históricas más populares de la capital de España, la iglesia del Carmen. Y la Virgen en cuestión fue restituida, reconstruidos sus brazos y convertida en una de las fi guras piadosas más queridas en la época. Se la conoció como Nuestra Señora de Madrid.

Y llegó a instalarse en el antiguo Hospital General, donde hoy está el Museo Reina Sofía. De traslado en traslado, de iglesia en iglesia, su infl uencia en Madrid fue perdiéndose poco a poco, quedando relegada al olvido, si bien hoy sigue existiendo en una parroquia de la capital, donde parece una fi gura más, aunque en su día vivió la sordidez del Madrid del Siglo de Oro como protagonista absoluta.

Otros artículos de:

Añadir nuevo comentario