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Tordesillas: la repartición del Nuevo Mundo

Miércoles 07 de Junio, 2017
Descubrir América no sólo era una promesa de conquistas sino un reto diplomático para con las diferentes potencias también ansiosas por conquistar. Así nacen las negociaciones como el Tratado de Tordesillas para repartirse el mundo. Por Sergio Basi.
El tratado de tordesillas

En la vallisoletana localidad de Tordesillas se firmó el 7 de junio de 1494 un tratado que afectaría al devenir de los próximos siglos tanto en el Viejo Mundo como en el que acababa de ser descubierto. Se trata del Tratado de Tordesillas, el tratado que repartiría el mundo entre las dos potencias de la época, la corona de Castilla y Aragón y la de Portugal. El acuerdo lo firmaron los representantes y notarios en los que habían delegado Juan II de Portugal y Fernando e Isabel de Castilla, los católicos, después de las negociaciones.

El reparto consistía en una división de zonas de navegación y de conquista en el Atlántico y el Nuevo Mundo con la finalidad de evitar conflictos de intereses entre ambas coronas. La división se hizo trazando en el mapa una línea 370 leguas al oeste de Cabo Verde, de tal modo que se garantizaba que ni unos ni otros pudieran interferir en las rutas marítimas que habían descubierto, la española de las Antillas y la portuguesa del cabo de Buena Esperanza.

En el Tratado de Tordesillas históricamente quedó relegado a segundo plano el hecho de que Castilla y Portugal también se repartieron y limitaron la acción en el zonas del norte de África por las mismas razones que las que movían el reparto del Nuevo Mundo. De este modo, repartida América y repartida África, una gran parte del mundo conocido y explorado pertenecía a una u otra potencia.

Tordesillas en realidad fue una necesidad debida a varias situaciones previas entre las dos potencias. La primera es la firma de un tratado previo, hace 15 años, el de Alcáçovas, en que había clausulas acerca de la política exterior de cada monarquía. La segunda situación es que a la vuelta del primer viaje de Colón, este llegó con la Niña primero a Lisboa (días antes se había separado de la Pinta por una tormenta), donde contó al rey Juan II lo que se había descubierto. Una última situación antes de las negociaciones fueron las cuatro bulas en que el Papa Alejandro VI establecía la soberanía castellana sobre lo descubierto por Colón haciendo ya una primera división donde se establecía que quién cruzara el meridiano 100 leguas al oeste de Azores y Cabo Verte sin consentimiento de la corona de Castilla sería excomulgado.

Así, Portugal quedaba excluida de cualquier posible expedición a América, sólo podían quedarse en las costas africanas y quedaba América para los castellanos en exclusividad. Juan II, lógicamente descontento con todo esto, abrió las negociaciones con los Reyes Católicos, conociendo su parecer gracias a un efectivo espionaje portugués. Así, los delegados de ambas monarquías llegaron al acuerdo que hoy conocemos como el Tratado de Tordesillas. Ambas partes tuvieron cien días para ratificarlo y faltaría la confirmación del Papa, que nunca confirmó el Tratado y lo tuvo que hacer su sucesor, Julio II, por medio de una nueva bula.

Finalmente hubo consenso entre las dos potencias, aunque al no conocerse la medida real de la Tierra cada una interpretaba la línea limítrofe a su conveniencia, si bien sin generar disputas. De este modo el mundo fue repartido de forma diplomática en el Tratado de Tordesillas, algo que ya empezaría a ser un rasgo de la incipiernte modernidad. Un reparto entre los dos más fuertes, como si de un pastel se tratase, siendo un tratado el cuchillo que lo corta, y ya saben lo que se dice, quien parte y reparte… 

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