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La reina del cielo

Martes 06 de Marzo, 2018
La isla de Ons es uno de los lugares más singulares del país. Aunque se encuentra cerca de la costa, durante siglos ha permanecido aislada del mundo, pese a que la historia ha dejado allí sus huellas. En la actualidad apenas viven allí unas decenas de personas…

La reina del cielo

Ex INSULIS nominandae Corticata et Aunios…” (Plinio IV-112). Esta es la primera referencia histórica a la Isla de Aunios o Aones (hoy denominada Ons) documentada hasta la fecha. Salió de la pluma de Plinio el Viejo, en su descripción de la península Ibérica. Pero antes de la visita del relevante historiador, naturalista y militar romano -destinado en Hispania en el siglo I- ya existía vida en la isla de Ons…

Estratégicamente situada en la entrada a la ría de Pontevedra, Ons protege a la ría de los fuertes vientos y oleajes del Atlántico. Con unos 6 km de largo, por menos de 1,5 de ancho, existen pruebas de que la isla principal del archipiélago que lleva su nombre estuvo habitada desde la edad de Bronce o incluso desde antes. Y hoy, en pleno siglo XXI, sigue siendo la única de todas las islas de Galicia que mantiene una población estable los 12 meses del año.

 

PREHISTORIA DE AUNIOS

No hay duda al respecto. Los primeros indicios de pobladores en Ons corresponden a asentamientos de cultura castreña de la Edad de Bronce. El más conocido, todavía sin excavar, se encuentra por encima del Barrio de Canexol y es conocido como “Castelo dos Mouros” (Castillo de los mouros), con las connotaciones supersticiosas y folclóricas que implica ese término, mouros, en el folclore gallego, asturiano y leonés: una especie de duendes míticos que vivían en un mundo subterráneo, asociados a cuevas, castros y monumentos prehistóricos. De hecho, muy cerca de “Castro dos Mouros” se encuentra la cueva de los mouros. Una cavidad subterránea, cuya entrada, flanqueada por dos grandes losas y escalones de piedra que delatan su construcción artificial, se derrumbó hace unos años difi cultando mucho su acceso. Según la leyenda isleña, iniciaba un pasadizo subterráneo que “podía llevar hasta El Cairo caminando bajo las aguas…”.

El castro de “Castelo dos Mouros” permanece abandonado y sin excavar, en lo alto de la meseta, ofreciendo unas vistas extraordinarias de la isla y de la ría. Y la falta de prospección de este castro implica que tampoco haya registro de la ocupación romana en la isla, pues solían instalarse en los poblados célticos preexistentes.

Hoy, el castro permanece comido por la vegetación. A quien esto escribe le costó bastante trabajo localizarlo, tras acudir a la casa de Cesáreo Pérez y su esposa Victoria López, uno de los pocos matrimonios que todavía vive permanentemente en Ons, y que amablemente nos indicaron la angosta senda que sube hacia el castro, hoy comida por la maleza, partiendo de un lavadero cercano. El otro castro que se conoce como “Cova da Loba” se situó en la zona norte de la Isla, pero de él no quedan más que restos de cerámica, baldosas y abundantes concheiros. Además de los castros en Ons se han encontrado varios grupos de petroglifos, que certifi can la existencia de comunidades humanas probablemente anteriores lo que hizo que entre los siglos IV a.C. y II d.C. la isla fuera “algo casi inédito en un territorio insular”.

 

PETROGLIFOS: TESTIMONIO EN PIEDRA

Según la brillante investigación del Laboratorio de Patrimonio del CSIC liderada por Paula Ballesteros y Cristina Sánchez, existen al menos tres grupos de grabados pétreos en la isla. Dos en Chan da Pólvora y uno en Laxe. El llamado Chan da Polvora I fue redescubierto en 2009 por la Asociación Pineiróns, en la zona central de la isla descubiertos a partir de las referencias de Fernando Alonso Romero, que ya lo había señalado en los años 70 del siglo pasado.

Ubicado en un afloramiento de esquisto con orientación norte-sur y con unas vistas estupendas de la mitad sur de la isla, así como de la vecina isla de Onza y las islas Cíes, presenta cazoletas, círculos concéntricos y otros motivos, muy deteriorados por el tiempo. Con este complejo de petroglifos se vinculan, según Sánchez y Ballesteros, dos hachas de talón descubiertas en los años cincuenta, y que según la bibliografía fueron depositadas en el Museo de Pontevedra con la numeración 1811 y 2823.

Chan da Polvora II fue localizado posteriormente, en las inmediaciones del anterior, aunque en una escala más baja. En un lugar desde el que se tiene una visibilidad perfecta de la zona oeste, al mar abierto, y también a la cara sur de la isla y de la meseta del castro de “Castelo dos Mouros”. Los petroglifos de Laxe, sin embargo, están ubicados en el barrio de Caño, en el extremo sur. Realizados sobre roca granítica, se encuentras cazoletas, surcos y algún rebaje, en una zona que de nuevo tiene una gran visibilidad del mar.

Según las investigadoras del Instituto de Ciencias del Patrimonio Paula Ballesteros y Yolanda Seoane “tanto por su emplazamiento como por la visibilidad, la corta y larga distancia hacia el mar y hacia la entrada de la ría, podría estar asociado a las líneas de tránsito costeras. Al igual que el resto de los petroglifos costeros los de Ons se sitúan en puntos estratégicos desde los cuales ejercen un amplísimo control visual sobre las rías pareciendo así que el objetivo de su emplazamiento sea la visualización de estas zonas de entrada”.

 

VIDA AISLADA

En el año 1810, la Junta Provincial de Armamento y Defensa decidió fortificar la Isla con lo cual pasó a ser propiedad de los Montenegro. De esta época destacan las fortalezas de Pereiró, de la que sólo quedan algunas piedras, y la del “Castelo de Roda”, situada cerca del muelle donde hoy atracan todos los barcos que llegan de la península.

El aumento de la seguridad permitió la repoblación y se instauró una división parcelaria de terrenos que el Estado cedía a los isleños para su cultivo a cambio de un canon. La recaudación se destinaba, en principio, a sufragar las fortificaciones y, después, pasó a entregarse a los señores de la Isla.

Entre los años 1835 y 1840 se instaló la primera fábrica de salazón cerca del muelle, con lo cual cambió la vida de los isleños, que hicieron de la pesca su actividad económica principal y aumentaron su población. Cuando finalmente la empresa cerró, trasladaron a la costa la venta de las capturas.

En 1929, Manuel Riobó compró la isla e instaló una sociedad mercantil dedicada al secado y comercialización de pulpo y congrio, que motivó que los isleños se especializasen en estas especies. El heredero de esta sociedad, Didio Riobó, se suicidó al empezar la Guerra Civil y la isla quedó sin gestión directa. En el año 1940, el Estado expropió la isla para defensa nacional y el Ministerio de Ejército se hizo cargo de ella en 1943, con intención de instalar una base de submarinos que nunca llegó a construirse. Cuando la Segunda Guerra Mundial terminó, la isla de Ons pasó por distintas administraciones del Estado.

Durante los años 40 y 50 la isla de Ons vivió la “mejor” época en cuanto a población. Entonces llegó a tener casi 500 habitantes. Sorprendentemente, ni siquiera entonces contó con médicos o servicio sanitario alguno, lo que posibilitó el desarrollo del curanderismo y la medicina tradicional como en ningún otro lugar de Galicia. Tampoco existió nunca un párroco fijo en la isla. Y esa ausencia de una presencia católica permanente hizo que el pensamiento mágico y la superstición se desarrollase de una forma excepcional.

De hecho, hasta 1925 no existió una escuela, que hoy está cerrada ante la nula natalidad. En noviembre de 1964 el sueco Staan Morling llegó a la isla, se enamoró de una isleña y se casó con ella. Y allí se quedó a vivir, gracias a lo cual se convirtió en una especie de cronista que nos hizo regalos en forma de crónicas etnológicas, antropológicas y folclóricas de un valor incalculable. Su amplia bibliografía es el mejor testimonio de la evolución de Ons en la segunda mitad del siglo XX.

Su despoblamiento progresivo en apenas veinte años, debido a la falta de una mejora de las condiciones de vida de los isleños, fue parejo, al igual que en las islas Cíes, al auge turístico, especialmente importante a partir de los años 70. Actualmente Ons es la única de las Islas Atlánticas que todavía conserva una población estable… Aunque de menos de veinte personas. Tienen electricidad durante diez horas al día. Siguen aislados, pero ese aislamiento son las cadenas que mantienen a Ons en contacto con la autenticidad.

 

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