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¿Qué es ser refugiado?

Martes 18 de Diciembre, 2018
Actualmente en el mundo hay más de 65 millones de personas refugiadas en campos dado que en sus países se han visto desplazadas o perseguidas. Esta es su situación y algunos campos que la combaten.

Tras la Segunda Guerra Mundial, la gran cantidad de personas que huían de Europa del Este obligó a que en 1951 la ONU diera, por vez primera, una definición a la palabra refugiados:

“son las personas que teniendo un temor bien fundado de ser perseguidas por razones de raza, religión, nacionalidad, pertenencia a un grupo social particular, u opinión política, está fuera de su país y está inhabilitado o, a causa de este miedo, no quiere optar por la protección de este país”.

Actualmente, según el Alto Comisariado de las Naciones Unidas para los Refugiados (ACNUR), el número de refugiados en el mundo se cifra en más de 65 millones de personas que, por la guerra y la violencia, han perdido sus propias raíces y que se distribuyen en campos de refugiados donde el mencionado organismo internacional proporciona ayuda humanitaria intentando garantizar las mínimas condiciones de vida.

Las zonas de trabajo con los campos de refugiados se extienden por todo el globo: Mediterráno, Oriente Medio, África, Latinoamérica y el Sudeste Asiático.  En las imágenes que mostramos a continuación proporcionadas por ACNUR podemos hacernos una idea de las situaciones de gravedad que actualmente se viven en el mundo y que tienen numerosas causas, muchas de ellas consisten en la sistemática violación de los derechos humanos fundamentales que la ONU definió en 1948 y que ACNUR defiende en más de 130 países.

Uno de los mayores problemas para los refugiados es el no tener un lugar en el que estar establecido, vivir en campos puede ser un auténtico drama sobre todo si las condiciones son extremas, como es el caso de los 173.000 saharauis que viven en cinco campos en Tinduf, Argelia, donde las temperaturas de 50ºC y las tormentas de arena constituyen grandes dificultades para una vida digna.

En relación a esto mismo, en octubre se estrenó “El loco del desierto”, un proyecto audiovisual que narra la historia de Tateh Lehbib, un refugiado saharaui que, gracias a sus estudios sobre energías renovables realizados con becas de ACNUR, ha diseñado refugios hechos con botellas de plástico llenas de arena, lo cual beneficia en gran medida a los refugiados de la zona, con estas construcciones de bajo coste que contribuyen al medio ambiente mejoran las condiciones de estas personas, que actualmente son unas 173.000 en los cinco campos de Tinduf, Argelia.

Resulta de gran interés ver cómo el acceso que ese joven tuvo a unos estudios superiores sirvió de gran ayuda para su comunidad, y es por eso que la educación es otro de los frentes más importantes en los que poner la mirada en los problemas de las personas refugiadas.

La educación de los niños y niñas refugiadas es un enorme reto. Tan sólo el 61% acude a la escuela primaria, y a medida que los niños van creciendo, esta brecha se hace más grande. Solo el 23% cursan la secundaria, y a nivel universitario, la brecha se convierte en un abismo, pues apenas el 1% de los refugiados acceden a la universidad.

“Para nosotros, la educación es el futuro de los niños y niñas refugiados. Es también la posibilidad de vivir con seguridad y sin miedo. Es la oportunidad de adquirir conocimientos y valores”, afirmó la Presidenta del Comité español de ACNUR. Y es que es un hecho, lograr que estas personas tengan una educación es lograr que, en cierto modo también puedan ayudarse a sí mismas y lograr más desarrollo.

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