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"El autoritarismo define la faceta de gobernante de Fernando VII"

Martes 17 de Julio, 2018
Catedrático de Historia Contemporánea por la Universidad de Alicante, Emilio La Parra es uno de los máximos especialistas en la España de finales del XVIII y comienzos del XIX. Su última obra, "Fernando VII. Un rey deseado y detestado", profundiza en la figura de uno de nuestros monarcas más controvertidos y decepcionantes.

La animadversión que ha despertado la figura de Fernando VII ha hecho de él uno de los monarcas modernos más estudiados. ¿Qué cree que aporta la obra con la que ha recibido el Premio Comillas? ¿Qué aspectos del personaje no son aún lo suficientemente conocidos en su opinión?

Fernando VII ha sido muy mencionado en multitud de estudios y algunos aspectos de su reinado han sido bien tratados, pero me parece que son escasas las aproximaciones en profundidad a su persona, aunque existen algunas de indudable valor. Diríamos que se conoce bien parte de su reinado, pero falta mucho por saber sobre el rey: su forma de concebir la monarquía y de ejercer sus atribuciones regias, su educación, la relación con sus ministros, sus viajes por España, sus matrimonios, etc.

Creo que esta biografía contribuye a llenar tales vacíos. En algunos casos, como por ejemplo la estancia del rey en Valençay durante la guerra de la Independencia, este libro proporciona amplia información y aborda cuestiones no tratadas hasta el momento. En otros, además de abundante información, ofrece una nueva interpretación a la luz de una amplísima documentación de primera mano.

Pero ningún trabajo historiográfico es definitivo, de manera que nuevos estudios sacarán a la luz, sin duda, aspectos desconocidos o en los que aquí no ha sido posible profundizar por falta de documentación. 

¿Qué lleva a un rey “deseado” por su pueblo a traicionarlo una vez vuelve del exilio? ¿Se ha llegado a exagerar la animadversión que despertó entre sus súbditos?

Creo que la clave está en las ansias de Fernando VII de imponer su autoridad sin traba alguna. No obstante, me parece que la forma de actuar de este monarca rara vez resultó favorable a los intereses de los españoles. Podría decirse, por tanto, que siempre “traicionó” a su pueblo.

Siendo príncipe de Asturias conspiró contra el rey, su padre, y contribuyó de manera decisiva a la crisis de la monarquía española, hasta el punto de que se le puede considerar uno de los máximos responsables –el principal, en mi opinión– de que Napoleón decidiera implantar en España su propia dinastía, lo cual originó una guerra durísima, larga, y muy destructiva.

Al regreso de Valençay, en 1814, Fernando VII practicó una política represiva sistemática, prolongada durante el resto de su reinado, destinada a terminar con todo tipo de disidencia política, y de esta forma creó un ambiente de asfixia general que obstaculizó el desarrollo de nuevas ideas y proyectos. Sin embargo, fue un rey muy querido por los españoles. En este punto influyeron decisivamente su oposición a Godoy y el tiempo de la guerra. La intensa propaganda generada desde su entorno a partir de 1806 presentó a Fernando como el príncipe virtuoso e inocente perseguido por un ambicioso arribista (Godoy).

Luego fue considerado víctima del tirano extranjero (Napoleón). Durante la guerra se magnificó la imagen del rey ausente, porque sirvió como aglutinante de los españoles para mantener la lucha. Una vez finalizado el conflicto, se personificó la victoria en Fernando, el rey “deseado”.

La imagen positiva del monarca perduró durante mucho tiempo. La represión practicada desde 1814 le enajenó la simpatía, primero de afrancesados y liberales, y desde 1823 de los absolutistas, víctimas como los anteriores del propósito del rey de eliminar toda disidencia. Cuando murió en 1833, ya nadie lo defendió, ni siquiera los sectores más reaccionarios del país, inclinados entonces a favor de su hermano Carlos María Isidro, el pretendiente a la corona frente a Isabel, la hija del monarca.

La animadversión, en suma, fue muy considerable, pero a pesar de todo, nunca desapareció entre los españoles de su tiempo la simpatía por el monarca. Hasta el final, muchos creyeron que las medidas represivas salían no del propio rey, sino de su entorno. 

¿Qué rasgo de la personalidad de Fernando VII destacaría como más significativo en su faceta de gobernante? 

Sin ninguna duda, un acusado sentido de su alta posición y su autoritarismo. Fernando VII quiso ejercer sus atribuciones sin concurrencia alguna. Intervino personalmente en todas las cuestiones importantes y en muchas ocasiones también se ocupó de otras de carácter nimio que entendió podían afectar a su imagen. 

Desde su perspectiva de historiador, ¿qué cree que supuso la figura del “rey Felón” en el desarrollo de la historia de España en el siglo XIX?

En primer término, la implantación de un sistema político autoritario basado en la eliminación de toda disidencia, sin importarle los medios. Como bien se sabe, este sistema ha revivido de vez en cuando en nuestra historia contemporánea. A Fernando VII se debe también el exilio de un elevado número de liberales, lo cual supuso una considerable pérdida de capital humano en España en un momento en que el país necesitaba del mayor esfuerzo colectivo para recuperarse de la destrucción en todos los órdenes causada por la Guerra de la Independencia.

El fenómeno del exilio político masivo ha sido, asimismo, otro rasgo de nuestra historia. La eliminación de toda forma de participación en política obligó a quienes desearon un cambio de sistema a recurrir al ejército mediante la vía del “pronunciamiento”, muy utilizada durante los siglos XIX y XX.

El reinado de Fernando VII se caracterizó de igual manera por la alianza entre el poder civil y el eclesiástico, en virtud de la cual se cerró la vía reformista iniciada por las Cortes de Cádiz y las del Trienio encaminada a modernizar la Iglesia católica española y las costumbres del país. 

¿Qué aspectos positivos considera que podríamos hallar en Fernando VII?

Creo que salvo algunos datos aislados, como la fundación del Museo del Prado o la creación del Conservatorio de Música de Madrid, los elementos positivos de su reinado no fueron resultado directo de los deseos personales o decisiones expresas del monarca, sino exigencias de la época, asumidas por el rey para prolongar su sistema de gobierno.

Durante el último decenio, caracterizado precisamente por la dureza represiva, se realizaron algunas reformas en la administración. La policía estatal sustituyó a la Inquisición, la cual dejó definitivamente de actuar, aunque su supresión total se efectuó en 1834. Se dieron pasos para modernizar la administración, sobre todo en el ámbito de la Hacienda pública. Se creó un nuevo ministerio, el de Fomento, el cual no llegó a desplegar una actividad apreciable en el tiempo fernandino, pero sentó las bases para el impulso posterior de la economía.

En esta misma dirección se orientaron otras decisiones, como la creación del Banco de San Fernando, la de la Bolsa de Madrid, la ley de minas, el Código de Comercio, la elaboración del presupuesto general del Estado, etc

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