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El mirador del mundo: las reuniones en la casa de Aleixandre

Jueves 01 de Febrero, 2018
Vicente Aleixandre es uno de los españoles premiados con el Nobel de Literatura. Por esas fechas convirtió su casa en un centro de reuniones para los más sabio de la cultura. Bruno Cardeñosa.

Vicente Aleixandre ganó el Premio Nobel de Literatura hace 40 años. Nadie en el mundo discutió aquel galardón sobre el que –cada vez que se entrega– todos opinan. Había sido parte de la generación del 27, Premio Nacional de Literatura, Premio Nacional de la Crítica… Y miembro de la Academia Española. En una época en la que el exilio parecía ser el destino insalvable de todos los que de una u otra forma estaban en el mundo de la cultura, él decidió quedarse aquí, aunque tuvo claro que pensaba de una forma diferente a todos los que mandaban desde despachos oficiales ocupados por la fuerza. Él luchó contra las balas de los que gobernaban con las neuronas.

Ya en la madurez de su vida convirtió su casa en el centro de reunión de una parte de la cultura madrileña. Se encontraba en la calle Velintonia, en la zona universitaria de Madrid. Fue un mirador hacia el mundo, que él y sus amigos exploraban en largas conversaciones de un nivel inmenso y en alguna que otra visita a los lugares de esparcimiento, es decir, a los bares y garitos de turno. Y es que una de las características de los que estaban allí es que vivían, exploraban almas, armaban sentidos…

Los encuentros de Velintonia eran reuniones y citas apasionantes en las que el desafío intelectual era altísimo.

En esas conversasciones de amigos, novelistas y poetas, se fomentaba el diálogo y la conversación. Eran gente inmensamente abierta de mente que comprendían y defendían a quien tenían enfrente, por muy distinto que fuera. La bandera de ellos es la bandera del respeto y la tolerancia. A esas reuniones acudió Fernando G. Delgado, un joven escritor que con los años se convertiría en uno de los grandes comunicadores del país.

Vicente falleció pocos años después de recibir el premio de los premios y se convirtió en lo que ya era: un mito. La casa murió con él. Hoy se encuentra allí un cartel de “Se vende”. Los herederos del poeta han querido para la casa que entrara a formar parte del mercado inmobiliario, y su destino es, hasta ahora, como su precio: inalcanzable. Ni el ayuntamiento ni la comunidad han querido entrar en la puja, toda vez que no han querido pagar lo que se pide.

Es como si Velintonia fuera más cara por el simple hecho de ser el cobijo de uno de los mayores genios que ha dado la Literatura del siglo XX, aunque a esas reuniones acudieran genios de todo el planeta, entre los cuales estaba Fernando G. Delgado, que años después alcanzaría repercusión internacional con La mirada del otro (Planeta, 1995). El que fue director de Radio 3, responsable de A vivir que son dos días en la SER y presentador del Telediario ha decido ordenar sus recuerdos y escribir Mirador de Velintonia (Fundación José Manuel Lara, 2017), una obra en la que rinde homenaje a su recuerdo, en el que brilla con letras de oro Vicente Aleixandre.

Cuando tuve la ocasión de estar con él me mostró que si bien esa memoria tiene 40 años, en la mente de Fernando está vivo. Y lo estará siempre. Su voz es tan profunda como buenos sus recuerdos de aquellos momentos. No sé si es más genial Aleixandre o quien glosa ahora los encuentros en aquella casa.

Abrí el micrófono con respeto y compartí unos minutos con alguien que me ha enseñado con su templanza y carácter cómo se hacen las cosas. No es necesario llamarlo maestro ni decirle tampoco lo bueno que es. Él no da lecciones aunque desde su lugar, desde el micrófono, hacía grande su mente privilegiada.

P: Aleixandre formó en Velintonia a un grupo de amigos para no alzar la voz, porque lo importante era dialogar.

R: Eran encuentros muy cómplices para todo. Era una persona muy atenta a todo lo que pasaba.

P: Velintonia era su casa, pero era algo más que una casa…

R: Sí, aunque se han exagenerado algunas cosas. Recuerdo que una vez en Canarias estuve con Neruda, que había oído hablar en Chile de esas reuniones y quería asistir.

Neruda creía que no podían hacerse ciertas cosas aquí porque era la España de Franco. Yo hacía de organizador y tenía que disimular para que el poder no se enterara de que estaba con Pablo Neruda, que sin embargo deseaba acudir a esas citas. En las últimas páginas del libro salen unas palabras de esa época de Aleixandre, unas palabras suyas que forman parte de una entrevista que le hice en El País: “Yo deseo para mi país que la luz que tenemos sea una luz clara, una luz permanente y segura que sirva para formar un país en el que quepamos todos”. Pues bien, esas palabras son el deseo ilusionado de alguien que creía en este país. ¡Hoy estaría horrorizado! Él era un hombre de confianza, de fe, un hombre que estaba muy ilusionado con la época que se estaba empezando a vivir.

P: Tú estuviste muy invocrado en la época de la Transición y cómo influyó el sector de la cultura en el mundo que se estaba contruyendo. ¿Se hizo bien todo entonces?

R: Seguramente no, pero no sé si se hubiera podido hacer mejor. En aquella época había un sentido del diálogo y de la moderación verdaderamente insólito. Con quien he hablado más de eso ha sido con Santiago Carrillo, que ha sido muy amigo mío hasta el último momento, más que Felipe González, que es más soberbio y cuesta más hablar con él. Nuestra democracia, con todos los defectos que pueda tener, es un ejemplo que no se ha dado en toda Europa.

P: Tuvo que ser una época muy intensa y teníais la conciencia de que se estaba construyendo el futuro.

R: Luego han pasado cosas, pero lo que más se ha deteriorado en nuestro país son los talentos. Antes teníamos personas muy notables, como puede ser Herrero de Miñón, pero si se quiere pensar en la izquierda, había cabezas tan válidas como la de Semprún, Nicolás Sartorius…

Había gente que fue muy útil para la transformación de la sociedad y que trabajaban para el futuro. En ese sentido vivimos un momento único. Vicente vio todo eso con mucha ilusión y con mucha esperanza. Se murió pronto, pero tenía la esperanza de que este país podía seguir adelante en esa línea. Ahora estaría un poco más triste.

P: Me niego a no preguntarte, porque eres un referente en el periodismo. Has escrito mucho, has sido una estrella en el mundo de la radio, has presentado el telediario… ¿Cómo ves el mundo del periodismo?

R: Cuando yo era joven, los periodistas querían trabajar en los periódicos. Lo de la radio les parecía una frivolidad. Y lo de la tele, ni se lo planteaban. Ahora prefieren trabajar en la televisión y dar la cara –se lamenta, porque detrás de ello lo que hay son muchas ganas de protagonismo–. Bueno, hay mentalidades diferentes. También es verdad que los periódicos han cambiado mucho… ¡Y más que van a cambiar! No voy a decir mucho más, no vaya a convertirme –comenta con ironía– en una persona imprudente, porque a mi edad no es nada conveniente, pero, como no hay espacio de reflexión en la sociedad, tampoco se lo vamos a pedir al periodismo.

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