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Philby contra Franco

Miércoles, 31 Mayo, 2017 - 06:10
El agente secreto más eficiente al servicio de Stalin llegó a nuestro país con una misión: asesinar a Franco. Mientras los españoles se mataban entre ellos, el falso periodista Kim Philby se hacía notar para conseguir un cara a cara con el general. En marzo de 1938 lo tuvo a tiro. ¿Qué pasó para que fracasara?
Por: Fernando Rueda
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CAMALEÓN

Hijo del prestigioso militar Harry Saint John Philby, un aristócrata muy respetado en Gran Bretaña, estudió en los mejores y más caros colegios privados. En 1929 lo envió a la prestigiosa universidad de Cambridge a estudiar historia y economía, pero Kim aprovechó para dar rienda suelta a sus sentimientos revolucionarios y no tardó en apuntarse a la Sociedad Socialista del campus.

Era un personaje extraño, aunque muy pocos lo sabían, fascinado por el lujo y las mujeres elegantes y, al mismo tiempo, defensor de las ideas comunistas.

En 1933, su cercanía a profesores próximos a esa ideología acabó con su captación por el NKVD, que probó su lealtad y habilidades enviándole a Viena, donde aprendió alemán y las técnicas del espionaje clandestino. Allí empezó a trabajar como periodista –siempre una buena tapadera para justificar moverse por lugares conflictivos– y a efectuar pequeñas misiones como ayudar a escapar del país a comunistas perseguidos por el gobierno austriaco.

A su regreso en mayo de 1934, su controlador Arnold Deutsch le encargó la misión de entrar en el servicio secreto inglés. De nada le sirvió su apellido; sus veleidades con el comunismo le llevaron a cosechar una rápida respuesta negativa. Deutsch entendió que Philby no conseguiría trepar por los organismos oficiales de Gran Bretaña si no cambiaba completamente la imagen que albergaban de él. Philby se puso a ello.

Empezó a trabajar como periodista ayudado por su madre y sus influyentes amigos de Cambridge y al mismo tiempo abandonó los círculos comunistas de Londres y se apuntó a la Hermandad Anglo-Alemana, una asociación pronazi. Previamente, había pasado unos meses explicando a sus amigos, y a todos los que quisieran escucharle, que se arrepentía de sus veleidades izquierdistas. Estaba inmerso en este cambio de personalidad cuando el jefe del NKVD Yezhov encargó a su delegación en Gran Bretaña la selección de un agente para espiar en España y asesinar a Franco.

Philby necesitaba un profundo lavado de imagen y viajar a España podía facilitarlo y así abrirle las puertas del servicio secreto inglés. No era fácil que en el bando de Franco aceptaran dar una credencial a un periodista inglés y mucho menos de un medio tan poco conocido como el London General Press, lo único que Philby había conseguido, pues dada su corta experiencia los grandes medios no quisieron apostar por él. Trabajar de periodista era el único camino viable para poder entrar en España, moverse con cierta libertad en un país en guerra, informar sobre diversos temas que le pidieran los rusos y esperar la ocasión propicia para pegarle dos tiros al general.