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Los primeros rodajes de Clint Eastwood en España

Viernes 26 de Mayo, 2017
Descubrimos algunos entresijos de la aventura de Clint Eastwood por España cuando vino por primera vez al rodaje de "Por un puñado de dólares" del mítico Sergio Leone.
Eastwood. Desde que mi nombre me defiende.

Es uno de los grandes del cine y hasta hay quien lo considera el último clásico vivo. Clint Eastwood dio el salto desde los seriales televisivos del oeste a la dirección de un sinfín de obras maestras, y en esa evolución su maestro Sergio Leone tuvo mucho que ver. A sus órdenes, Clint rodó varios de sus grandes éxitos. Un fascinante libro de Francisco Reyero, Eastwood. Desde que mi nombre me defiende (Fundación José Manuel Lara, 2017), sigue los pasos del californiano en nuestro país y nos revela todo lo que el genio aprendió aquí. Por cortesía de la editorial, reproducimos algunos fragmentos de esta obra.

Su contratación se formaliza a pocos días del rodaje en Italia y España. A comienzos de marzo, la Dirección General de Cinematografía emite un informe en el que ya figura como intérprete. El 13 de marzo de 1964, Fotogramas confirma la presencia del actor americano: “Nuevo candidato y novísimo astro para El magnífico extranjero, perdón Ray, el magnífico (la película arrastra distintos títulos provisionales): Clint Eastwood, otro astro que debe incipiente fama al serial de TV”.

El 3 de abril, Jorge Fiestas escribe en la revista: “Conozcan la efigie y buena planta (made in USA) de Clint Eastwood, exjugador de basketball e instructor de natación, tiene 31 años (realmente cuando llega tiene 33), nació en San Francisco y lleva ocho casado con una linda rubia llamada Maggie Eastwood. Posee un Austin Haley, ha grabado un disco que bate récords, Unkown girl, y debe su enorme popularidad a Rawhide. Aquí, como allí, causará impacto en la hinchada femenina”. Según Jorge Fiestas, Bonanza

y Rawhide formaban junto a Perry Mason el terceto de seriales de más larga duración en América.

Fotogramas también incluía una información desfavorable: “A Italia marcha Margarita Lozano, aunque bastante avergonzada, según ha declarado, para trabajar en una película –un western con coproducción con España–. Por lo visto, Margarita, que dicho sea en honor a la verdad es una gran actriz, considera bastante lamentable que haya aceptado trabajar incluso en una del Oeste”. Eastwood contaba que al dejar Hollywood camino de España muchos de sus amigos le advirtieron de que si lo hacía por no poder encontrar los papeles adecuados en Hollywood, sería como el beso de la muerte.

 

La carita de hijo de puta

A comienzos de abril, Il Giornale dello Spettacolo informa sobre su plan de trabajo, que se inicia en los Estudios Elios de Roma. La primera secuencia es la tortura de su personaje a manos de los Rojo. Unos días después se desplaza al Salone Caves para filmar la fabricación del escudo que se coloca, a modo de armadura secreta, debajo del poncho.

La actriz, Marianne Koch, recuerda una historia difundida con distintas versiones a lo largo de los años: “Leone era muy italiano contando y recontando y decía que al ver a Clint tuvo la misma impresión que Miguel Ángel ante un bloque de mármol cualquiera: lo importante es que él sabía que David estaba dentro”. Apenas lo conocía por Rawhide y por un álbum de fotografías proporcionado por la agencia William Morris. Para evitar quedar decepcionado, el director aplicó una máxima que también había empleado con Gian Maria Volonté: “Como actor está plagado de defectos. Pero casi todos son aprovechables. Le vienen muy bien”.

Franco Giraldi, el responsable de la segunda unidad y su amigo, acota con más precisión la impresión del director: “Leone me decía: ‘Cuando vi su carita de hijo de puta, supe que era el idóneo para el papel”. Tonino delli Colli, el célebre director de fotografía, vivió la transformación de Eastwood: “¡A éste lo cambio yo! ¡Ya verás cómo lo cambio! Él y Carlo Simi empezaron a decirle: ‘déjate un poco de barba, ponte sombrero, masca un cigarrillo...”.

La relación director-actor estuvo basada en la gesticulación, en la intuición, en las miradas. Ambos desconocían el idioma del otro. Entre ellos mediaba Elena Dressler, una polaca políglota que había aprendido los giros americanos de los soldados estadounidenses que llegaron durante la Segunda Guerra Mundial. Julio Sempere, el ayudante de dirección, sostiene que ambos entendían bastante bien el español, aunque el actor apenas chapurreaba unas palabras. Con el paso de los días, primero, y de los años, después, perfeccionaron una coiné con expresiones comunes, manoteos y gestos.

 

De Barajas a la Torre de Madrid

El productor Andrés Vicente Gómez, entonces administrador de producción, fue el encargado de atender los pormenores del rodaje y de realizar pagos en España: “Fui a recoger a Clint en Barajas. Yo tenía 20 años, trabajaba en Ocean Films, la productora creada por Jaime Comas Gil y por un abogado famoso llamado Álvaro Núñez Maturana (luego al cargo de la acusación particular contra Jarabo). Él se presentó sin ningún crédito. Era un desconocido actor de televisión, cuando la televisión no tenía el aura del cine. (...). Yo lo recibí en el aeropuerto y lo trasladé hasta el apartamento que le habíamos alquilado en la Torre de Madrid. (...). Le pagué la primera semana de dietas. Recuerdo perfectamente la cantidad, 2.100 pesetas por semana. 300 al día y el apartamento, que sólo disfrutaba él. El resto del reparto estaba en hoteles más modestos o en pensiones. Era un equipo italiano y español. No había un solo actor angloparlante, salvó él. Y no se relacionó con nadie. Era un tío solitario, muy en su papel. Era un actor con un físico fantástico, muy como lo quería Leone. Si la película se la hubiera hecho Charles Bronson o alguno de los otros nombres que sonaron, hubiera sido otra. Eastwood es determinante en la película, frío, hierático, con el poncho, el cigarro. Con franqueza, no sé hasta qué punto es algo que quería Leone o que Eastwood ayudó a que fuera así. Después de aquel rodaje, sólo volví a verlo una vez más. Fue muchos años después. Estábamos nominados para los Oscar con Belle époque (1994). El presidente de Sony ofreció una fiesta en su casa de Beverly Hills. Había muchos famosos y entre ellos estaba Eastwood. Me acerqué a él, me presenté y le conté que yo había ido a recogerlo al aeropuerto cuando fue a rodar por primera vez a España. Le relaté algunos recuerdos. Él simuló que se acordaba. Realmente, creo que no se acordaba de nada, pero se mostró muy gentil. Desde ese momento nos acompañó y fue cordial. Y como si fuera uno más del grupo, demostró cariño y afecto”.

Antonio Recoder y David Niven Jr. eran los representantes españoles de William Morris, la agencia hollywoodiense de Eastwood. Recoder, abogado catalán, operaba desde una pequeña oficina en la calle Blanca de Navarra. La agencia había vivido una época de esplendor con los grandes rodajes de la United Artists y el Imperio de Samuel Bronston, que propició una remesa de contratos y estrellas que vinieron a rodar. En la caída de aquel imperio, Recoder se había adaptado a las nuevas coproducciones. (...). Los rodajes españoles habían pasado de John Wayne, Rita Hayworth, Alec Guiness, Charlton Heston o James Mason a promesas y secundarios.

 

Puedes leer la totalidad del artículo en el número 144 de Historia de Iberia Vieja.

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